martes, 15 de septiembre de 2026

Ruiz de la Hermosa corta una oreja en Carabaña

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PATRICIA PRUDENCIO/ EMILIO MÉNDEZ

La Plaza de Toros de Carabaña ha celebrado un novillada clasificatoria del Certamen del Sureste en la que Ruiz de la Hermosa, Miguel Barón y Alonso del Castillo que se midieron a los ejemplares de la ganadería de Prieto de la Cal. Los animales se mostraron variados en comportamiento y entrega, siendo el quinto el que más opciones mostró. Ruiz de la Hermosa se mostró voluntarioso ante el primero de la tarde, pero sin encontrar ese acople que redondeara su labor. Logró robarle tandas muy meritorias al cuarto, un novillo de teclas, al que supo llevar uno a uno sobre el derecho. Miguel Barón le buscó las opciones e intentó hacer faena, pero no se las encontró al segundo, siendo incluso volteado y fallando con el acero. Encontró buen son en la embestida del quinto, lo que le permitió darle a su faena de expresión y gusto, llegando con fuerza a los tendidos, mostrándolo por ambos pitones. Alonso de Castillo lo intentó en repetidas ocasiones con el tercero, decidiéndose a abreviar. Desarrolló una faena de muchos intentos y mucha voluntad, pero sin lograr encontrar acople en aquella labor

Pedro de la Hermosa saludó al primero de la tarde con una brega llevada sin terminar de estirarse con el. Trató de lucirse Miguel Barón durante el quite aunque sin demasiadas opciones, algo que sí tuvo De la Hermosa. El tercio de banderillas lo protagonizó el propio novillero sin demasiado acierto. Comenzó la faena de muleta con un ligero trasteo por ambos pitones. Se definió por el derecho en los medios, cruzándose y buscándole a media altura, pasándolo de uno en uno. No encontró el acople con aquel novillo al que había que tocar con firmeza para fijarlo y pasarlo, ya que el animal se iba detrás del engaño sin ningún orden. Lo mostró por el izquierdo en un tira y afloja hasta hacerlo parar. Metió bien la mano,’pero el animal tardó en doblar

Miguel Barón recibió con cierto gusto al segundo, al igual que Alonso de Castillo en el quite. Comenzó la faena genuflexo al hilo de los palos, pasándolo por ambos pitones para después ayudarlo en las salidas. Le ganó terreno y se lo llevó a los medios, donde continuó sobre el pitón derecho, adelantándole la mano para después llevarlo a media altura sin terminar encontrar el acople con el. Lo volvió a pasar y a seguir sobre el derecho, cruzándose para después tocarle en la cara. Lo volteó con brusquedad, pero volvió rápidamente a la cara para seguir pasándolo, sin bajarle la mano. No le encontró las opciones al novillo, a pesar de buscar e intentarlo. Metió la mano, pero sin acierto, teniendo que entrar a matar en diversas ocasiones

Alonso de Castillo salió con decisión para saludar al tercero de la tarde, sin acoplarse en el inicio. El que sí encontró expresión fue Ruiz de la Hermosa con una media de gusto y torería. Se alcanzó la faena y novillero tiró de su adversario para sacarlo de las talanqueras. Trató de tirar de él en repetidas ocasiones. Lo pasó como puso por abajo y se dispuso sobre el derecho, sin bajarle la mano, sin encontrarse con el. Sin verlo demasiado claro, se decidió a abreviar y a pasaportarlo sin mucho acierto.

Ruiz de la Hermosa lo frenó y logró sujetar en el capote durante su saludo capotero, bregándolo en los medios. Miguel Barón utilizó su turno de quite sin demasiado lucimiento. Protagonizó el tercio de banderillas el propio Ruiz de la Hermosa, con un tercer par de mucho mérito en el que mi voto de rodillas, dándole todas las ventajas al de Prieto de la Cal. Comenzó la faena de muleta, pero antes brindó al ganadero. Inició su labor al hilo de las talanqueras, pasándolo por ambos pitones mientras le ganaba terreno y se lo llevaba a los medios. Continuó sobre el derecho, uno a uno, encontrando una embestida de dos tiempos a la que era difícil de llevar. A pesar de ello, le robó muletazos de mucho mérito. Le dio amplitud, tocándolo en la cara para después correrle la mano. Sin embargo, había que tocarlo con firmeza. Se lo llevó por delante, llevándose una fea voltereta de la que se recompuso rápidamente. Comenzó a llevarlo al natural, pasándolo a media altura en la que no hubo opciones. Recuperó el pitón derecho y uno en uno, encontró el orden y la armonía en una serie muy meritoria. Culminó con unos ayudados por alto para después meterle bien la mano.

Miguel Barón saludó al quinto después de dejarlo correr. Lo frenó y dejó algunas pinceladas sin terminar de estirarse con el. Se dispuso con la muleta pasándolo genuflexo por ambos pitones. Trató de tirar del animal hasta definirse por el pitón derecho, llevándolo de uno en uno. Sin embargo, no tardó en empezar a mostrarlo sobre el izquierdo con toque alto para después marcarle trazo con la ayuda. Hubo ritmo y transmisión en aquella labor ante la repetición del de Prieto de la Cal. Volvió sobre el pitón derecho, encontrando aquel acople con el que gustar y gustarse. Siguió alternando pitones, habiendo entendimiento entre ambos. Sin embargo, deslució su labor con el acero

Alonso de Castillo frenó en su capote al sexto de la tarde. Hubo gusto y expresión en el quite de Ruiz de la Hermosa. Comenzó su faena de muleta pasándolo por abajo, por ambos pitones, sin definirse. Le cambió los terrenos y sin mostrarse demasiado decidido, continuó al natural, pasándolo por alto, intentando encontrar las teclas que tocar. Lo llevó por alto, sin tocar, sin terminar de imponerse ni poner orden. Falló con el acero

Plaza de Toros de Carabaña. Novillos de Prieto de la Cal para Ruiz de la Hermosa, silencio y oreja; Miguel Barón, silencio tras aviso y silencio tras aviso; Alonso del Castillo, silencio y silencio tras  tres avisos

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