lunes, 27 de abril de 2026

Solitaria oreja para Tomás Bastos en el cierre de la Feria de Primavera de Mérida

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GUARISMO DEL OCHO

La novillada que puso el broche final a la Feria de Primavera de Mérida dejó un balance artístico discreto, marcado por la escasez de trofeos. Tan solo una oreja, lograda por Tomás Bastos, engrosó el resultado de una tarde en la que las expectativas no terminaron de cumplirse. El desarrollo del festejo estuvo condicionado, en gran medida, por el desacierto con los aceros. Varios de los posibles triunfos quedaron diluidos por el fallo con la espada, como ocurrió con el onubense Carlos Tirado, quien perdió premios de mayor entidad en sus dos actuaciones. Una situación similar vivió Julio Méndez, también penalizado por la falta de efectividad en la suerte suprema. Más allá de los resultados tangibles, la terna evidenció conceptos bien diferenciados del toreo, mostrando personalidad, entrega y pasajes de calidad a lo largo de la tarde. Sin embargo, sus esfuerzos se vieron lastrados por el juego de la novillada de Couto de Fornilhos, que resultó deslucida en líneas generales. Los utreros, faltos de clase y regularidad, no terminaron de ofrecer las condiciones necesarias para el lucimiento pleno, sin que ninguno de ellos rompiera definitivamente hacia adelante ni ofreciera una embestida completa y franca que permitiera redondear las faenas.

En la apertura del festejo en Mérida, se lidió en primer lugar un novillo de Couto de Fornilhos, de nombre “Arrojado”, que correspondió al joven espada portugués Tomás Bastos. El utrero, de correcta presencia y pitones acucharados, evidenció desde los primeros tercios una acusada falta de casta. En el caballo mostró comportamiento manso y rehuyó el castigo, sin emplearse con entrega. A pesar de estas limitaciones, Bastos firmó un recibo de capa destacable por su compostura, garbo y expresión en el lanceo inicial. Ya en la faena de muleta, el torero luso hizo gala de oficio y voluntad, intentando estructurar tandas meritorias frente a un novillo huidizo y sin fondo. Cambió terrenos con inteligencia, tapó la salida del animal y mantuvo en todo momento una actitud firme y decidida, buscando someter una embestida deslucida y esquiva. Sin embargo, la escasa colaboración del astado impidió que su labor alcanzara mayor lucimiento artístico. Cerró su actuación con una estocada ejecutada desde gran distancia, en un gesto que evocó el estilo del maestro Antonio Ferrera, poniendo punto final a una actuación marcada por el esfuerzo sin recompensa. Ovación.

El segundo novillo de la tarde, marcado con el nombre de “Marqués”, de la ganadería de Couto de Fornilhos, un ejemplar que permitió ver las cualidades del onubense Carlos Tirado, aunque el fallo con los aceros le privó de un posible premio. El utrero, de hechuras similares al primero del festejo, mostró desde el inicio una embestida con la cara baja, lo que fue aprovechado por Tirado para instrumentar un recibo a la verónica templado, salpicado de lances ejecutados con suavidad y elegancia. No obstante, el animal evidenció falta de fijeza en el primer tercio, mostrándose abanto y correteando por el ruedo sin emplearse con claridad. En el tercio de varas cumplió sin destacar, dejando paso a una faena de muleta en la que Tirado fue construyendo poco a poco el entendimiento con su oponente. El novillero ayamontino apostó por la suavidad en el cite y la delicadeza en el trazo para ir metiendo al animal en la muleta, logrando así que éste tomara los engaños con mayor determinación. Las mejores series llegaron por el pitón derecho, donde Carlos Tirado logró componer tandas de corte clásico, ligadas y de notable elegancia. Por el izquierdo, en cambio, el novillo tendió a acortar su recorrido y a protestar al final de cada natural, lo que obligó al torero a mantener firmeza, verticalidad y limpieza en la ejecución para sobreponerse a las dificultades. La faena, desarrollada ante un novillo manejable pero sin excesivas virtudes, fue reconocida por el público, que acompañó el trasteo con música. Sin embargo, a la hora de la verdad, el fallo con la espada diluyó las opciones de premio, quedando todo finalmente en una ovación.

El tercer novillo de la tarde en Mérida, de nombre “Fugitivo”, ofreció mayores posibilidades y permitió el lucimiento del joven extremeño Julio Méndez, quien cuajó una faena de gran nivel que, sin embargo, quedó sin premio por su desacierto con los aceros. El ejemplar, fuerte y bien rematado, mostró desde su salida una embestida entregada, lo que propició que Méndez lo recibiera con un capote templado, dejando ver su concepto en varias verónicas de notable profundidad y calado en los tendidos. En el tercio de varas, el novillo apretó con mayor empuje que sus predecesores, evidenciando un punto más de transmisión y entrega. Estas cualidades se mantuvieron en los tercios posteriores, permitiendo que el animal llegara al último tercio con garantías para el lucimiento. Ya con la muleta, Julio Méndez se mostró especialmente acoplado con su oponente, un novillo que humilló con obediencia y siguió los engaños hasta el final del muletazo. El torero supo entender las condiciones del animal y estructuró su faena en dos partes bien diferenciadas. En una primera fase, optó por el toreo en redondo, con mayor distancia, llevando al novillo embebido hacia adelante y rematando los muletazos por detrás, logrando ligazón y continuidad en las series. Posteriormente, acortó las distancias y, ya en terrenos más comprometidos, se metió entre los pitones, donde evidenció valor, dominio y un notable conocimiento de los tiempos y terrenos. La faena, de gran calado. Sin embargo, los reiterados pinchazos con la espada diluyeron cualquier opción de trofeo. Ovación.

El cuarto, un novillo de nombre “Lusitano”, perteneciente al mismo hierro. Este se presentó con hechuras similares aunque ligeramente más suelto de carnes. Desde su salida, el astado mostró prontitud, apretando con fuerza en el recibo del joven espada portugués Tomás Bastos. El torero lo saludó con verónicas ejecutadas en un palmo de terreno, ya en el interior del tercio, en un inicio vibrante que despertó el interés del público. Durante el tercio de varas, el novillo fue cuidado, evitando un castigo excesivo. Posteriormente, Bastos brindó la faena al respetable desde los medios, en un gesto de entrega. El inicio de la labor de muleta tuvo un marcado carácter arriesgado: Bastos se fue a los medios y, de rodillas, ejecutó un cambiado por la espalda. Sin embargo, en ese mismo instante, el novillo comenzó a mostrar signos de mansedumbre, abandonando la pelea y dirigiéndose hacia chiqueros, una actitud que condicionó negativamente el desarrollo de la faena. A pesar de ello, el joven torero no se vino abajo. Con determinación y firmeza, insistió en someter al animal, muleteándolo por ambos pitones y apostando en cada embroque para tratar de conectar con el tendido. La faena estuvo marcada por la irregularidad del novillo, que alternó momentos de notable humillación con otros de franca huida o falta de entrega, llegando incluso a probar a su oponente en más de una ocasión. Estas complicaciones no amilanaron a Tomás Bastos, que mantuvo la compostura y la voluntad durante toda la lidia. Su esfuerzo encontró eco en algunos pasajes en los que la música llegó a sonar, reconociendo así la actitud y disposición del joven espada en una faena de mérito ante un oponente incierto. Las bernadinas del final -muy ajustadas- aumentaron más su buena actuación. Estocada y oreja.

El quinto tuvo como protagonista a “Bastilho”, un novillo de 515 kilos perteneciente a la ganadería anunciada, que destacó desde su salida por su imponente presencia, seriedad y cuajo. En los primeros compases, el astado embistió con cierto son, aunque pronto dejó entrever sus limitaciones, mostrando querencia por el pitón derecho y un recorrido corto. Tras el cambio de tercio, el novillo se dirigió al caballo situado en la puerta, donde protagonizó dos encuentros carentes de entrega, evidenciando su condición de manso y generando desconcierto en el ruedo. Ya en la faena de muleta, el onubense Carlos Tirado se mostró firme desde el inicio, imponiendo mando ante un animal exigente que pedía ser llevado muy sometido por abajo. La primera tanda destacó por su disposición y estética. Sin embargo, en la siguiente serie, iniciada con un trincherazo, el novillo sufrió un percance al clavarse de pitones y dar un balancín, lo que mermó aún más sus facultades. A pesar de ello, Tirado, bajo los sones del pasodoble “Nerva”, construyó una faena de gran mérito y profundo sentimiento. Cada muletazo estuvo cargado de prestancia, conectando con el público del Coso de San Albín. Sobresalieron especialmente los naturales, de trazo largo y ejecutado con hondura, manteniendo siempre una figura erguida, el mentón encajado y un marcado sello de elegancia. La obra del torero onubense, de corte clásico, estuvo presidida por la firmeza, la pureza y un concepto claro del toreo, donde el valor y la cercanía fueron pilares fundamentales. No obstante, una vez más, el manejo de la espada impidió redondear el triunfo, quedando todo en una ovación tras dos avisos.

El utrero “Apoulado”,encargado de cerrar la tarde, se presentó con una notable seriedad, bien armado de pitones y rematado por dos finas agujas que imponían respeto. Desde su salida, el astado evidenció falta de clase, lo que impidió a Julio Méndez lucirse en el saludo capotero. En el tercio de varas, el novillo cumplió sin excesos, dejando paso a un brindis al público por parte del joven espada, que afrontó el último turno del festejo con decisión. Méndez inició su faena de muleta por bajo, con doblones de mando y criterio, tratando de someter desde el primer momento a un animal exigente. A lo largo de la lidia, el torero desarrolló un trasteo completo por ambos pitones, en el que destacó la estética y la suavidad de sus muñecas. Se enfrentó a un utrero serio y pegajoso, que no facilitó la labor al no humillar en ningún momento, aunque mantuvo cierta obediencia a los cites. Fue especialmente por el pitón izquierdo donde Julio Méndez logró los pasajes de mayor calado, firmando naturales largos, templados y de notable exigencia técnica. También por el derecho dejó muestras de su concepto, en una faena variada, con momentos de alegría y capacidad de sometimiento, que fue acompañada por la música y reconocida por los tendidos. El novillo mantuvo el son hasta el final de la faena, lo que permitió a Méndez cerrar una actuación de mérito. Sin embargo, el fallo con la espada al primer intento volvió a privarle de un triunfo mayor, quedando su labor reconocida con una ovación.

FICHA DEL FESTEJO

Domingo 27 de Abril de 2026

Coso de San Albín – Plaza de toros de Mérida

2ª Feria de Primavera – Novillada con Picadores

Entrada: Un cuarto de plaza.

Utreros de Couto de Fornilhos, bien presentados, serios pero deslucida en líneas generales.

TOMÁS BASTOS: Ovación y Oreja.
CARLOS TIRADO: Ovación y Ovación tras dos avisos.
JULIO MÉNDEZ: Ovación en ambos.
FOTO: TOROS LA MERCED – MARÍA ROSA QUINTERO

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