GUARISMO DEL OCHO
El caballero azoriano ribró la obra mayor de la segunda carrera de las Sanjoaninas, en una tarde de valentía, emoción y afirmación taurina en el Monumental de la Isla Terceira
“Háblame del mar, marinero…”
Los versos de Rafael Alberti encuentran en Angra do Heroísmo un escenario perfecto. Aquí, el mar envuelve la ciudad, abraza la plaza y se confunde con el alma misma de la fiesta. En Sanjoaninas, la tauromaquia es patrimonio vivo, mayor expresión de una identidad atlántica donde el toro bravo sigue ocupando un lugar central. Todo se vive con intensidad: la espera, el triunfo, la emoción y la memoria.
Como los toros. Como el océano. Como las Sanjoaninas.
La segunda carrera de la Feria de São João presentó un cartel rematado por argumentos de interés y proporcionó una tarde de agradable contenido artístico y ganadero. Entre momentos de brillo, destacó el triunfo indiscutible de João Pamplona, la personalidad inusual de Marco Pérez, la verdad de los forcados en la plaza y un curso de comportamiento variado, donde no faltaron ejemplares de alta.
João Moura Jr regresó a la arena angrense para cumplir su segunda actuación en esta emblemática feria taurina. Ante el primero de su orden, un ejemplar de José Albino Fernandes que no definió su comportamiento desde el principio, el caballero mostró lectura, conocimiento de los terrenos y capacidad para mandar en la lide desde los primeros largos. A partir de ahí construyó una actuación de mérito, variada en los cites y en los terrenos, buscando explorar las virtudes de un ejemplar que requería inteligencia y oficio.
En su segunda ronda se encontró con un toro de João Gaspar con un hermoso trapio, manos bajas y una expresión muy del agrado de los aficionados. Noble en la embesida y listo para acudir a los cites, permitió momentos de emoción, aunque sin presentar total regularidad en los arranques. El momento más vibrante de la actuación surgió nada más salir, con un portajaulas de gran exposición, seguido de un largo de enorme impacto, reunido con verdad y emoción. La lidia continuó con interés, aunque algunos encuentros no alcanzaron el grado de reunión y perfección que el caballero busca y a la que acostumbró a las gradas. Sin embargo, su entrega y permanente exigencia artística fue muy evidente.
Pero la tarde había reservado el mayor protagonismo para João Pamplona.
Frente a dos toros en buenas condiciones, uno de João Gaspar y otro de la Casa Agrícola José Albino Fernandes, el joven caballero azoriano firmó la actuación más redonda de la fiesta. Especialmente ante el quinto de la tarde, encontró materia prima para construir una lide de creciente emoción, donde destacaron el ajuste, la reunión, la verdad de los cites y una notable conexión con los bancos.
Los hierros se sucedieron con acierto, cadencia e impacto, en una actuación llena de madurez y personalidad. El público reconoció la dimensión de la obra y lo premió con dos vueltas a la arena bajo una fuerte ovación, coronando al que fue, sin margen de discusión, el triunfador de la carrera.
Sin embargo, más que los triunfos alcanzados, João Pamplona sigue distinguiendo por la forma en que vive la profesión. Humilde, dedicado y profundamente comprometido con el arte de Marialva, demuestra en cada actuación un deseo permanente de crecer y honrar la tureo a caballo.
Y ayer Angra se rindió por completo.
El componente a pie fue entregado a Marco Pérez, fenómeno temprano de la torería mundial, que hizo su presentación ante la exigente afición terceirense.
Ante dos ejemplares de José Albino Fernandes, distintos en el pelaje pero similares en la nobleza y en las limitaciones de fuerza, el joven español dejó muestras inequívocas de la dimensión de su concepto.
En el primero, recibido con elegantes verónicas a pie juntos, construyó una tarea de recursos y conocimientos, tratando siempre de llevar al toro cosido a la muleta y administrando con inteligencia las exigencias del oponente. Las limitaciones del estado impidieron mayores vuelos y redujeron la transmisión de la obra a los tendidos.
Pero ante el sexto de la tarde apareció el mejor Marco Pérez.
El vistoso toro flavo le permitió dibujar momentos de enorme calidad, en tandas templadas, conectadas y conducidas con suavidad y mando. Hubo profundidad, ajuste y una notable comprensión de las distancias y los tiempos de la lide. Más que ejecutar los pases, Marco Pérez parece anticiparlos, viviendo la torea primero en la mente para luego materializarla en la arena.
Los desplantes, la quietud y la proximidad incendiaron las gradas, culminando en dos cálidos vueltas a la arena que reconocieron una actuación de fuerte contenido artístico y una enorme proyección de futuro.
En las pegas, los grupos de la Tertúlia Tauromáquica Terceirense y de los Amadores de Turlock cumplieron con verdad y entrega.
João Bettencourt consumió en el segundo intento una toma de raza y corazón, nunca rindiéndose ante las dificultades planteadas por el toro. Tomás Costa resolvió en el tercer intento una intervención de mérito, donde la persistencia de la horca de la cara y la cohesión del grupo fueron decisivas para el feliz desenlace.
Por los aficionados de Turlock, Fábio Vieira rubricó una excelente toma en el primer intento, reuniendo con decisión, técnica y corrección. Bryce Rocha cerró la actuación californiana en el segundo intento, demostrando serenidad, conocimiento y un apreciable sentido de las distancias. En el conjunto, las horcas de la cara estaban en un plano elevado, honrando las chaquetas que llevaban y contribuyendo al éxito del espectáculo.
En el capítulo ganadero, el curro reveló un comportamiento diverso, proporcionando diferentes grados de emoción y posibilidades a los intérpretes.
“Jamanto”, de José Albino Fernandes, abrió la carrera con movilidad y suficiente preparación para acudir a las ciudades, permitiendo que la lidia transcurriera con ritmo e interés. No siendo un toro de grandes excesos de valentía, cumplió con dignidad, dejando ver alguna transmisión y colaborando con los intérpretes, aunque sin terminar de romper como los mejores ejemplares de la tarde.
“Visionário”, de João Gaspar, fue el ejemplar más completo de la carrera. Bien presentado, valiente, con recorrido y embestida creciente, siempre fue más a lo largo de la lidia, evidenciando clase y emoción. Un auténtico estampado de toro bravo que justificó plenamente los elogios de la afición y se afirmó como uno de los triunfadores de la tarde.
“Portolero” acusó menor presencia y evidentes limitaciones de fuerza, factores que condicionaron su transmisión e impidieron que el lide alcanzara mayor relevancia, a pesar de la nobleza que dejó entrever.
El alfo «Ambicioso», de João Gaspar, que reemplazó la habitación inicialmente anunciada, salió con sonido y despertó expectativas, pero fue perdiendo intensidad a lo largo de la disputa, revelando un marcado deseo para los mediocampistas, una circunstancia que dificultó el trabajo de los intervinientes.
“Luceno”, quinto de la orden y perteneciente a la Casa Agrícola José Albino Fernandes, protagonizó una de las exhibiciones ganaderas más importantes de la carrera. Bravo, colaborador y con emoción, permitió a João Pamplona construir la lude triunfal de la tarde, siendo precisamente uno de los grandes ganadores de la fiesta.
Cerró la plaza el flavo «Carretono», un toro de excelente expresión, nobleza y calidad en la embestida. La escasez de fuerza le impidió alcanzar otra dimensión, pero aún así permitió momentos de gran belleza e inspiración al joven Marco Pérez, que encontró en él la materia necesaria para rubricar su mejor obra de la tarde.
Cuando cayó la noche sobre Angra, quedó claro que las Sanjoaninas siguen siendo una de las expresiones más genuinas de la tauromaquia portuguesa. Una fiesta donde el mar y el toro conviven uno al lado del otro, unidos por un mismo lenguaje hecho de emoción, valentía y verdad.
Como los toros.
Como el océano.
Como las Sanjoaninas