PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ
El periodista Zabala de la Serna ha diseccionado la Fiesta con precisión y pasión en una entrevista en la que se ha analizado lo ocurrido con el fenómeno Morante, tanto en la temporada 2025 como aquello que puede llegar a suceder en la del 2026. Lo sucedido con el de La Puebla no ha sido un movimiento más en el escalafón; ha sido un terremoto que ha dejado en evidencia un problema estructural de dependencia hacia el diestro. Sin embargo, este no ha sido el único tema tratado, pues se ha puesto en valor la labor desarrollada por la figuras en los últimos veinte años, a quien ahora parecen quitar de un plumazo. Por ello, se analiza cómo debe de ser la transición hacia la renovación generacional, una transición que no puede construirse desde la negación de los que se van, sino desde la apuesta decidida por los que vienen.
La retirada de Morante de la Puebla ha dejado un vacío en la Fiesta, del cual hay que hablar con propiedad. ¿Cómo consideras que puede afectar a la Temporada?
Creo que para hablar de una vuelta de Morante es demasiado pronto y precipitado, apenas han pasado tres meses desde que se quitó la coleta el pasado 12 de octubre. No ha habido tiempo suficiente para fijar su ausencia, a pesar de que el empresariado lo necesite, porque su presencia es hoy el máximo atractivo. El año pasado, de los nueve llenos en Sevilla, cinco correspondieron a él.
Considero que debería haber habido un «cortafuegos» más firme para evitar especulaciones. El 12 de octubre fue un final inmejorable para un año inalcanzable; contuvo dramatismo, apoteosis y nostalgia. Nadie, ni medios, ni aficionados, ni su entorno, ha tenido tiempo de reposarlo. A los pocos días, en el New York Times estaba saliendo una entrevista en la que hablaba de que era un descanso, un descanso que durará hasta que Morante quiera, pueda y necesite. En todo esto se nos olvida la perspectiva clínica, la necesidad de alguien que se va para ponerse bien. Quizá en ese «ponerse bien» entra un regreso, un tener un objetivo, una vuelta o una ilusión.

Se habla mucho del torero, pero pocas veces de la persona y su salud
He hablado con varios profesionales de la psiquiatría, entre ellos la doctora López-Ibor y coinciden en que, en este tipo de enfermos con depresiones resistentes, tener una puerta abierta a la esperanza es positivo; si no, es la oscuridad absoluta.
Además, tengo la sensación de que el maestro Morante, en la misma noche en la que llegaba al hotel, donde yo estaba presente, introducía ese matiz de no me la he cortado, me la he quitado… hay un cierto arrepentimiento, un pero qué he hecho. Como el niño que rompe un jarrón y se asusta por lo que ha hecho. Si ves su trayectoria, en ninguna de sus retiradas anteriores ha dejado de torear la temporada siguiente. Nunca ha habido un vacío. Sin embargo, esta vez el corte de coleta o quitarse el añadido tuvo una carga simbólica y formal mucho mayor. Creo que se juntan muchos factores y no es fácil encarar un año sin Morante. Aunque el hecho de que sea un descanso, no va a ser una retirada para siempre.
¿Por qué es relevante el hito que ha marcado Morante?
La importancia de la temporada de Morante, no es tanto lo que logra, QUE ES EL TOREO IMPOSIBLE, sino desde dónde lo logra, que es desde la enfermedad mental, lo que le da un mérito BRUTAL. Esto supone un auténtico hándicap y un ejercicio de superación brutal. Por esto también en El Mundo le hemos dado el Premio de Tauromaquia 2025. Este componente no se puede obviar y en el mundo del toro tendemos siempre a analizar las acciones de Morante separándolas del plano taurino. Sin embargo, insisto en que hay un cuadro clínico detrás.

¿Consideras que su retirada ha dejado en evidencia un problema estructural de un sistema en el que nos hemos vuelto dependientes de Morante de la Puebla?
Claro, todos estos años han ido a llamar a su puerta porque ha sido un torero tremendamente generoso que, con su estrategia expansionista, a veces no medida, ha toreado con todo el mundo y en todas partes. Se ha ajustado y ha ayudado mucho a los empresios, por lo que se ha hecho muy necesario más allá de las grandes plazas, sosteniendo las plazas menores.
El empresariado tiene que empezar a trabajar en otra dirección, en sacar nuevos toreros y fijar nombres, porque cuando vuelva Morante, ¿cuánto va a durar esa vuelta? Estamos hablando de un señor con cuarenta y seis años, con los problemas que arrastra y que es un grandioso torero, el mejor que he visto en mi vida. Por eso hay que buscar una estructura con la que sostener las ferias.
Las figuras que han tirado del carro este primer cuarto de siglo ya están muy gastadas. Se convirtieron en «marcas registradas» y eso para el público sigue siendo un reclamo. Gente que no sigue el desarrollo de las Temporadas, reconocen nombres como el de Manzanares. Sin embargo, no se ha trabajado en el relevo generacional.
¿Ves factible un regreso temprano?
Particularmente, me da miedo un regreso precipitado, casi preferiría que para la leyenda y que para la historia de Morante, por lo menos este año, como máximo, pasara en blanco. En caso de que reapareciera, Morante que es un estudioso de la Tauromaquia y el anclaje que tiene de Antonio Ordoñez, podría hacerlo en la Goyesca de Ronda en septiembre o en un homenaje a Paula en Jerez, por ejemplo, pero siempre en fechas más avanzadas.

No es lo mismo que la afición te pida volver a que tú le digas que vuelves antes de que te lo pidan. Hay que generar nostalgia, la cual existe desde el momento en el que se fue, pero considero que no la hemos dejado asentarse. Todo requiere unos tiempos para que haya una credibilidad. Lo que es evidente es que la ausencia de Morante va a ser muy dolorosa en todas las ferias.
Me da coraje, pero deberíamos haber trabajado más en aceptar su ausencia. Mi ilusión en los últimos años ha sido ir a verlo y escribir sobre él, porque Morante me ha hecho ser mejor en todos los aspectos. Sin embargo, entiendo que las cosas deben tener su tiempo e insisto en que será cuando pueda, quiera y sobre todo cuando lo necesite.
Y si Morante no reaparece, ¿quién va a tirar del carro? ¿Quién va a seguir llevando gente a las plazas y hacer un seguimiento completo de la Temporada?
Lo que ha hecho Morante es muy difícil y dentro de la gran afluencia de público que ha llevado a las plazas, la asistencia de gente joven ha sido extraordinaria. Además, el gran milagro de Morante es conseguir que esa juventud vuelva y voltee su mirada hacia lo clásico.
Sin embargo, no nos olvidemos de que Roca Rey ha seguido llevando gente a las plazas en todo este tiempo. Ha sido el torero más taquillero de la década. Lo que pasa es que este año en algunas ferias, ya en verano, Morante incluso le adelantaba por la derecha, lo que no significa que se le reste el valor en taquilla a Roca Rey. Entonces, después de un año estratégicamente aciago, debe posicionarse de otra manera, evolucionar y preocuparse de su tauromaquia, porque sigue teniendo esa potencia de fuego, sin duda.
Pero, si hablamos del vacío artístico que deja Morante ¿Cómo se suple? ¿Crees que habrá mayor presión sobre Ortega y Aguado como herederos de la torería sevillana?
El agujero de Morante no lo va a suplir nadie, pero en ese ámbito del bien torear y de querer hacer las cosas con ese toque clásico está Pablo Aguado, que ha hecho muy buen año. Este 2026 debería afianzar todo lo logrado, sin perder de vista lo perdido por culpa de la espada en algunos toros que toreó extraordinariamente bien en sitios clave. Juan Ortega el año pasado no tuvo la evolución del año anterior, o sea, parece como si se hubieran ido alternando Ortega y Aguado. Por ese motivo, este año debe volver a tomar el paso de hace dos años.
¿Qué nombres te ilusionan a título personal?
Si te hablo de mis ilusiones, me gustaría seguir a Aarón Palacio, aunque otro de los nombres que el año pasado de repente se ha afianzado después de años de lucha, es el de David de Miranda, con un concepto muy definido, destacando la faena que desarrolló en Málaga, que se me quedó en la cabeza. Algo curioso, porque esa faena le valió más que la Puerta del Príncipe de Sevilla para imponerse.
Entre esos nombres también se encuentra el de Borja Jiménez, un torero cuyos triunfos no terminan de tener la repercusión que debieran. Habría que profundizar para saber con exactitud qué es lo que ocurre con él, porque ha sido el triunfador de San Isidro dos años consecutivos, ha acumulado numerosos triunfos y sin embargo el trato que se le da y que él termina por admitir en las primeras ferias me llama la atención. Tengo la sensación de que se ha tenido que reivindicar con seis toros al no encontrar el sitio que demandaba. Sin embargo, no alcanzo a comprender la sobrecarga de Alejandro Talavante en los carteles, sobre todo en Madrid.

Queda claro que la temporada se presenta llena de incertidumbre, pero también de nombres con capacidad para dar un paso adelante. Si hablamos del relevo generacional, de los matadores más jóvenes…
Nos falta apostar de verdad por ellos para que el aficionado vuelva a tener motivos para hacer kilómetros. Quiero destacar a Víctor Hernández, veo en él ese espejo del José Tomás de los noventa y eso me ha conmovido, con esa verdad y por esa forma de torear con su mano izquierda. Me ilusiona.
También me gustaría hablar de Samuel Navalón, que me encantó en Madrid de novillero, así como cuando vino a confirmar en la despedida de Enrique Ponce, estuvo sensacional. Sin embargo, tengo la sensación de que la empresa no se ha portado bien con él. Me parece un torero a seguir.
Con Marco Pérez, independientemente de su proyección, lo de anunciarse en Madrid con seis novillos no fue una «ventaja» como algunos sectores quisieron vender; fue un atragantón. Lo dio todo, se fue a portagayola una y otra vez, y se le trató con una crueldad absolutamente rechazable. Pitar a un chaval en esas circunstancias es inhumano. Se puede ser exigente, pero no se debe cruzar la línea de la inquina personal. Hay que ver qué sucede este año en su Temporada.
Insisto en que nos falta apostar de verdad por las jóvenes promesas, porque para que haya nombres nuevos también tiene que haber un caldo de cultivo en el que se aliente a los nuevos valores o por lo menos se les dé un margen de confianza. Deberíamos hacérnoslo mirar.
Sin olvidar cómo hemos llegado hasta aquí, es decir, sin obviar todo lo que han apostado las figuras ¿Cómo debe ser la transición?

Está claro que debe hacerse una transición, pero no puede ser a golpe de «quito a todos los que hay y pongo a los nuevos». Eso es jugar a ser empresario con el dinero ajeno. Hay muchas reivindicaciones en redes sociales que luego no se traducen en taquilla; el 70% de los que piden un nombre no aparecen en la plaza. Insisto en que la transición debe ser gradual porque, si no, es insostenible.
Además, me parece muy injusto negarle el pan y la sal a la generación que ha sostenido las ferias los últimos veinte años. Podrán gustar más o menos pero figuras como Castella o Perera tienen currículums incuestionables. No hay ningún torero en activo en el siglo XXI que tenga el currículum de Sebastián en Madrid. Además, del cartel en América que tiene Castella, siendo francés. Aquí nadie regala nada a nadie y lo digo y lo subrayo. Perera, por ejemplo, es uno de los muleteros más importantes que he visto, con una capacidad de reinventarse y un temple sensacional. No podemos borrar sus historiales solo porque queramos un relevo; ellos están ahí porque el toro los ha puesto en su sitio. Esto ocurre porque anteponemos los gustos. Con otros que no han salido hace tanto estamos poniendo parches justificativos y no siempre es cuestión de suerte, sino de la capacidad.
El toro no es lineal y las trayectorias tienen altibajos, algo que a veces se olvida.
Lo que no se puede hacer es la negación absoluta por sistema, no puedes negar a alguien que ha sostenido el sistema durante décadas. El relevo es vital para la supervivencia, pero no debe empañar lo que estas generaciones han hecho. Esta generación que está a punto de irse o que reclamamos que ya dé un paso al lado ha sido una generación importantísima.
¿Qué auguras para esta temporada que ya comienza con Valdemorillo, Sevilla y Madrid en el horizonte?
Venimos de años de crecimiento y el gran hándicap será sostener esas cifras. Madrid superó el millón de espectadores el año pasado y batir esos récords no será fácil. En Sevilla, este año debuta José María Garzón, un empresario que hace las cosas muy bien, es un gran agitador de ferias y lo ha demostrado en Málaga y Santander. Tengo mucha curiosidad y esperanza en su aterrizaje en la Maestranza, que creo que puede hacerlo muy bien.
Hay otras plazas históricas en juego
Me ilusionaría que Zaragoza volviera y recuperase su esplendor porque es una plaza histórica y muy difícil. Ha estado muy descuidada. Además, es a final de Temporada y a ello se le añade el problema de la carestía del toro; la materia prima es escasa en el campo bravo y manejar eso será difícil para las empresas.
Has mencionado el problema del campo bravo, cómo afecta eso a las novilladas ¿Cual es su situación actual?
El elemento del toro va a ser complejo y en cuanto a la apuesta por los novilleros me gustaría subrayar el trabajo que hace la Fundación respecto a las novilladas, que es extraordinario.
Los novilleros lo tienen muy difícil, porque Madrid es el escaparate donde antes se llegaba muy rodado, pero ahora necesitas Madrid para lanzarte. Además, el novillo de Madrid es el toro de cualquier plaza y el gran déficit sigue siendo el cuidado del novillo, porque es absolutamente desproporcionado. Y digo esto recalcando políticas muy muy elogiosas por parte de la empresa de Madrid en cuanto a otros aspectos, como el marketing, atraer a la juventud o el abono joven.
Además creo que el público en las novilladas no trata como debiera a los novilleros, cuyas opciones de triunfo son muy limitadas. Parece que hay una indiferencia total con el novillero, viéndolo con una frialdad que acaba tornándose en criminal. Se les da una exigencia de figuras con un novillo que es el toro de cualquier otra plaza. Al final con una novillada fuerte y mala, el torero que no tiene virtudes se tapa más y el que las tiene no puede desarrollarlas.
Foto de portada de José Aymá