sábado, 17 de enero de 2026

Un capote inédito pintado por Fernando Botero sale a la luz tras más de dos décadas de silencio

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GUARISMO DEL OCHO

Sevilla se convierte en el escenario del redescubrimiento de una obra singular y hasta ahora desconocida del maestro Fernando Botero. Se trata de un capote de torero pintado y dedicado por el artista colombiano en el año 2001, una pieza inédita que ha permanecido alejada del ámbito público durante más de veinte años y que hoy ve la luz bajo la custodia de la Fundación Social y Cultural Caja Rural del Sur.

El capote fue entregado recientemente a la entidad por José Manuel Cárdenas, conocido como “Mame”, destinatario de la dedicatoria original del artista, en la que puede leerse: “A Mame Botero 2001”. Esta inscripción, junto con la singularidad del soporte y la autoría, vincula la obra de manera directa con la biografía personal y artística de Botero.

La pieza destaca por la confluencia de tres elementos de especial relevancia: la firma de uno de los grandes nombres del arte contemporáneo, su carácter absolutamente inédito y el prolongado silencio que ha rodeado su existencia desde su creación. A ello se suma un contexto institucional y geográfico que refuerza su interés, al quedar depositada en Sevilla, ciudad estrechamente ligada a la tradición taurina.

Desde el punto de vista artístico, el capote de brega -confeccionado por la prestigiosa sastrería sevillana Pedro Algaba, cuyo sello se conserva en la tela interior amarilla- se transforma en un auténtico lienzo bajo la mirada de Botero. Sobre el fondo amarillo característico, el artista despliega una escena taurina de gran fuerza plástica: un toro monumental, de proporciones exageradas y contornos suavemente redondeados, domina el espacio de la plaza. Sus cuernos curvos y su expresión desafiante transmiten poder y solemnidad, mientras el público que lo rodea aporta equilibrio y calma a la composición.

La obra se encuentra en perfecto estado de conservación. Está firmada y fechada en 2001, dedicada a su propietario y protegida mediante un enmarcado de madera con cristal, lo que ha garantizado su preservación a lo largo del tiempo.

El origen de este capote pintado se sitúa en una estrecha relación personal. José Manuel Cárdenas mantiene una amistad de larga data con Lina Botero, hija del artista, derivada de su matrimonio con el español Rodrigo Sánchez Arjona, amigo de infancia del propietario de la obra. Fruto de esta relación, el matrimonio llegó incluso a convertirse en padrino de la hija de Cárdenas. En ese contexto de cercanía, Lina Botero trasladó el capote a París, ciudad donde Fernando Botero residía desde 1992, para que el
maestro lo pintara y se lo dedicara expresamente a su amigo “Mame”.

Desde su creación en 2001, la obra ha permanecido siempre en manos de su legítimo propietario, cuidadosamente custodiada en su domicilio particular, hasta su reciente entrega a la Fundación Social y Cultural Caja Rural del Sur.

La aparición pública de este capote supone no solo el descubrimiento de una pieza desconocida de Fernando Botero, sino también un punto de encuentro entre arte y tauromaquia, dos universos que el artista supo interpretar con una mirada única y reconocible.

Su presentación abre una nueva ventana al legado del creador colombiano y aporta un valioso testimonio a su relación con España y su cultura.

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