martes, 28 de mayo de 2024

Navas, única vuelta al ruedo en una tarde complicada

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 Crónica 

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

La Plaza de Toros de Las Ventas iniciaba la temporada con una novillada picada en la que Yon Lamothe, Álvaro Alarcón y Mario Navas se midieron a los novillos de Fuente Ymbro. El encierro fue áspero, dificultando la labor de los espadas, que alargaron buscando las opciones, midiendo los tiempos y sin dejar de buscar los terrenos. Molestaba el viento, por lo que tampoco ayudó en el desarrollo de la lidia. Mario Navas destacó con nota, dejando una única vuelta al ruedo de la tarde. La espada fue la que quizá más empañara la labor desempeñada durante la faena. Alarcón se mostró firme y con mucha determinación, con temple y torería, pero con un lote de pocas opciones. Yon Lamothe insistió en sus terrenos, estirando unas faenas que no obtendrían el triunfo, aunque es necesario destacar la estocada del francés al cuarto.

“Indómito” abría la tarde en Madrid en las manos de Yon Lamothe, que lo bregó en el saludo capotero, sin lograr meterlo en los vuelos, salió suelto. El primer percance llegó en el quite de Álvaro Alarcón, que de no ser por la nobleza del de Fuente Ymbro, hablaríamos de un percance serio. Complicó los tercios de varas y banderillas. Llegó la faena de muleta y El francés lo tanteó genuflexo, por abajo, ganándole terreno, sacándolo del tercio. Siguió buscando los terrenos, dejándolo bajo el tendido del 10 y ponerle muleta sobre el pitón derecho. Las embestidas eran irregulares, poco pulcras, buscando por abajo y saliendo con cierto desconcierto. Tiró del animal y recompuso la faena, ahora mostrándolo al natural, con viento. Le costaba entrar y es que lo cierto es que no encontró el acople. El novillero le exigió, metiéndole la franela en el morrillo, dando continuidad. Sin embargo, cada vez se le quedaba más encima, tomaba bien el engaño a la primera, a la segunda la cosa cambiaba. Cambió al pitón derecho pero, simplemente pasaba. Mató de forma efectiva.

Álvaro Alarcón salió con decisión para recibir al segundo de la tarde. Trazó un recibo genuflexo, llevándolo por abajo, sacándolo de las tablas, luciéndose con gusto. El caos reinó en el tercio de varas. Alarcón salió a los medios para brindar al público, después se  dirigiría a las tablas, acortando distancias con el de Fuente Ymbro. Lo tanteó por ambos pitones, pasándolo por abajo, pero el viento no ayudó en el inicio de faena, lo dejaba descubierto. Se quedó en el tercio, asumiendo el riesgo de un novillo que se le venía recto y descomponía en cuanto tocaba la tela, soltando la cara arriba. Mérito y valor seco frente al astado, al que tuvo que sacar de aquellos terrenos donde cada vez apretaba más. Lo toreó sobre el pitón derecho, abriendo y recogiendo, ahormando una embestida que se planteaba ingobernable. Se le venía al pecho, buscando el cuerpo y en más de una casión se libró.  Volvió a cara del animal, ahora bajo los terrenos del ocho, llevándolo muy metido, con mucha voz y un toque firme y fijador, pero poco había que hacer las embestidas defensivas del de Fuente Ymbro, que cada vez desarrollaba más. Cambió la ayuda por la espada y en la suerte suprema se llevó un golpe seco que lo dejó dolorido, tardó en recomponerse y volver a tomar los trastos para meterle la espada.

Mario Navas no encontró el armonía en el saludo capotero con el tercero de la tarde y primero de su lote. El tercio de banderillas se desarrolló bajo los tendidos de sol. Llegó la faena de muleta y Mario Navas fue a su encuentro, para recibirlo en la franela genuflexo, pasándolo por ambos pitones, por abajo en el tercio. Le costó encontrar los terrenos, moviéndolo para, finalmente, quedarse bajo el tendido 3, con la muleta sobre su mano derecha. Continuó llevándolo, paralelo a tablas, también sobre el pitón derecho, abriendo el muletazo y aguantando el ritmo que el animal marcaba, uno a uno. También acortó las tandas, tandas de muletazos rectos y de poco recorrido, ya que le costaba seguir el engaño hasta el final. Poco a poco se fue metiendo en tablas, robándole cada embestida , encontrando al natural y metido entre pitones la trasmisión en los tendidos. A pesar de sus condiciones, lo mantuvo metido en la muleta, fijo en ella, siendo los últimos compases de la faena los de mayor repercusión. Mató con acierto y determinación.

Marcaba el ecuador del festejo Yon Lamothe e “Historiador”, al que no pudo saludar como es debido con el viento. El revuelo llegó en el tercio de varas, en el que derribó al caballo, al picador y a punto estuvo de llevarse por delante a un monosabio. No tomó ritmo el tercio y se alargó en exceso. Tomó la muleta y, tras brindar desde los medios, lo tanteó por abajo, pasándolo por ambos pitones. Para ello se fue bajo los terrenos del tendido seis, donde parecía que el viento daba un pequeño respiro. Siguió sobre el pitón derecho, cruzándose y teniendo que buscarlo a pitón contrario para que se adentrara en la tela. El viento no le respetó ni en aquellos terrenos y dejaba vía libre directa al cuerpo. Cambió la muleta de mano y los terrenos, toreándolo al natural, robándoselos uno a uno sin demasiada continuidad. El último tercio se fue enfriando y empezaron a sonar la primeras palmas de tango. Pasaba, soltando la cara arriba en su salida. Sabía que no podría sacar mucho de provecho, pero retomó el pitón derecho y alargó la faena. Se la dejó puesta abajo y tiró de las embestidas, metiéndose en sus terrenos. A pesar de excederse en los tiempos, dejó una estocada rotunda.

Álvaro Alarcón saludó a “Escogeperro” con gusto y mucha torería, templando la embestida. El novillo fue protestado en su salida al grito de “Toro”. Brindó y tras dejar la montera lo recibió por alto en la muleta, con desmayo, dejando uno de los mejores inicios de faena de toda la tarde. Lo citó en largo y después aprovechó la inercia. Sin embargo, tuvo que rectificar y para ello paró y reestructuró la serie. El de Fuente Ymbro se movía y Alarcón supo cómo meterse en su dominio. Tapó mucho, ya que las embestidas eran irregulares, ligeramente descompuestas, sin humillar en el engaño, obligando al espada a perderle pasos para que no se le quedara tan encima. Cada vez se distanciaban más los pases, tratando de no afear el último tercio, ya que a partir del tercer muletazo de cada serie su embestida se volvía más compleja. Dosificó y midió muy bien los pases, dejando naturales largos, en los que se encajó de riñones y fijó sus manoletinas al albero. Logró en los últimos compases, robarle una tanda por abajo, totalmente metido en la franela. El de Fuente Ymbro no se lo puso sencillo, pero siguió tirando del animal, embistiendo con el. Falló con la espada.

Mario Navas y “Hostelero” cerraban la tarde. Al saludo capotero le faltó despaciosidad, que no evitó que el novillero se pudiera estirar con el animal junto a las tablas. Llegó el último tercio y Navas se dispuso genuflexo, tirando del animal hacia adelante, ganándole terreno mientras lo pasaba por ambos pitones. Eligió la mano derecha, por abajo, bajándole la mano  empezar a torearlo con rotundidad. Le dio tiempo y sitio antes de recuperar ese pitón derecho, pitón por el que humillada al principio de cada muletazo y con el que seguía la tela. Despacio, sin prisa, y con mucha suavidad le dejó el engaño en el morrillo y empezó a tirar de las embestidas. Cambió al natural, adelantándole la mano, marcando el recorrido y llevándolo con mucha voz y toque, tirando del de Fuente Ymbro. Cada vez se metía más en tablas, continuando sobre ese pitón izquierdo. No alargó una faena que ya estaba hecha y en la que había exprimido todo lo que el novillo podía darle. Sin embargo, después de haber cambiado la ayuda por la espada, decidió darle una tanda más, por abajo y en aquellos terrenos. Culminó con una estocada en lo alto, que no fue suficiente para pasaportarlo.

Madrid. Novillos de  Fuente Ymbro para Yon Lamothe, silencio y palmas; Álvaro Alarcón, ovación y silencio tras aviso; Mario Navas, vuelta al ruedo y palmas.

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