jueves, 20 de junio de 2024

Paco Ureña, única vuelta al ruedo en una Corrida de la Prensa marcada por los de Victorino Martín

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ/FOTOS EMILIO MÉNDEZ

Las Ventas acogía la Corrida de la Prensa del serial de San Isidro, en una nueva tarde de “No hay billetes”, en la que se contó con la presencia de su Majestad el Rey. Los matadores de toros Paco Ureña y Borja Jiménez se midieron a los ejemplares de la ganadería de Victorino Martín. Los animales fueron variados en comportamiento, con las complicaciones propias del encaste, pero también dejándose llevar, siendo el primero el más áspero y el cuarto el que menos opciones brindó. El tercero, quizá, fue el más entregado. Ureña pasó un verdadero trago con su primero, no pasaba y le buscaba. Con el tercero inició la faena al natural, sin embargo, las tandas más aplaudidas llegaron por el pitón derecho. De nuevo, en el quinto, la espada volvía a pasarle factura en una faena de tira y afloja por mantenerlo en la tela, con un pitón izquierdo imposible. Borja derrochó firmeza y determinación en una buena faena sobre el pitón derecho con el primero de su lote. Al cuarto poco le pudo hacer, no terminó de tomar vuelo con un toro que simplemente pasaba. Con el sexto acortó su faena.

El primero de Victorino Martín salió muy despacio, parándose incluso. Paco Ureña bregó en su capote ganándole terreno a un toro que se le venía andando. Ajeno a todo dificultó los tercios de varas y banderillas. Brindó Ureña a su majestad el Rey para después iniciar su faena, la cual comenzó tirando del animal, empujándolo a entrar en el trasteo por ambos pitones, sacándolo del tercio. Continuó por el pitón derecho, adelantándole la mano al hocico, llevándolo muy tapado. Lo desarmó y a punto estuvo de prenderlo en unos de sus remates secos. Buscó a pitón contrario a un toro que arremetía con violencia, viniéndose recto, quedándose corto, muy agarrado al piso. No pasaba lo intentase por donde lo intentase. No encontró acierto con la espada.

Se lució Borja Jiménez con el capote ante el primero de su lote. El diestro brindó a su majestad el Rey y procedió a recibir al segundo de la tarde en la franela, doblándose con el, andándole, pero sin templar aquellas embestidas frenéticas. Continuó por el derecho, pareciendo estar más asentado y templado, aunque sin terminar de limpiar los muletazos. Muy despacio fue barriendo la arena con la franela hasta mostrársela y meterlo de lleno en una serie dotada de ritmo y movimiento. El de Victorino se arrancaba con prontitud y viveza, siguiendo con celo las demandas de Borja, que no le quitó la muleta de la cara. Sin embargo, por momentos se descomponía la serie, por lo que había que parar y recomponer con un toro que entraba con todo. Por el izquierdo era más incierto e irregular, soltando la cara, saliendo a base de gañafones. Retomó las tandas por el derecho, uno a uno, ahormando las series. Deslució con los aceros.

El tercero también salió muy despacio, parándose en la puerta de chiqueros para después arrancarse con viveza. Ureña lo frenó en su capote, llegando a dejar alguna pincelada en su saludo. Brindó al público  y se fue directo a por el toro, iniciando la faena de muleta bajo los terrenos del siete, probándolo por ambos pitones. Tiró del animal y se lo llevó  más allá del tercio, allí empezó por el pitón izquierdo, el que menos complicaciones le había dado en aquel tanteo inicial. Pasaba con la cara alta, no humillaba. Tuvo que buscarlo Ureña a pitón contrario, jugando siempre con los vuelos para dejárselos en la cara, tratando de alargar aquella embestida y darle salida. A punto estuvo de prenderlo. Montó la muleta sobre su mano derecha, dejando algunos derechazos que fueron muy aplaudidos en los tendidos. Se estiró y se lo llevó atrás, alargando la embestida. Volvió al pitón izquierdo, alargando la faena, pasándolo uno a uno. Culminó aquella tanda y se fue a por la espada.

Salió el cuarto, al que saludó Borja Jiménez en una brega de pinceladas en la que rápidamente lo sacó a los medios. Brindó a Raúl el exfutbolista del Real Madrid para después tirar del animal y sacarlo del tercio para llevarlo por el pitón derecho. Aquella primera tanda fue un tira y afloja en la altura, la distancia  y el tiempo. Pasaba pero se le quedaba un tanto encima el animal. Siguió con la mano derecha, cruzándose, muy torero, pero sin terminar de limpiar el muletazo. El toro bajaba la cara en la entrada al derechazo, pero después mostraba su desinterés. Cambió al natural sin encontrar el acople, teniendo que recomponer en cada pase. No había faena y no estaba llegando a los tendidos nada de lo que hiciera. Metió la mano con aseo, pero sin acierto.

El quinto se quedó mirando la puerta de toriles a su salida, después sería Paco Ureña el encargado de recibirlo en el capote, estirándose con el, llevándolo con temple y gusto. Lo recibió en la franela bajo los terrenos del tendido siete, exigiéndole por abajo en un inicio aplaudido. Le dio tiempo y sitio y continuó sobre el pitón derecho, muy despacio, teniendo que cambiar los terrenos y sacarlo a los medios. Continuó con la mano derecha, pasándolo en largo en el primer muletazo, para después atarlo en corto. Al toro había que dejársela puesta y tirar de el, evitando que se le fuera. Pasaba entrando con la cara abajo, pero perdiendo el interés en mitad del muletazo. Cada vez le costaba más seguir las demandas de un Ureña entregado y con ganas de triunfo. Lo intentó por el izquierdo pero se le venía recto, metiéndose por dentro incluso. No tardó en recuperar el pitón derecho. Falló con la espada.

Borja trató de llevar en su capote al sexto en una brega con la que le fue ganando terreno hasta sacarlo a los medios. “Espartaco” fue protestado por su ejecución en el tercio de varas. Lo trasteó por abajo en el inicio de la faena, para después seguirle sobre el derecho, sin encontrar el acople. Lo toreó en la raya del tercio, queriendo ligarlo sin éxito. Uno a uno lo fue pasando, pero no tomaba vuelo, el toro era de los que te buscaba los pies, pero terminaba pasando. Abrevió su faena al sexto.

Madrid. Toros de Victorino Martín. Los animales fueron variados en comportamiento, con las complicaciones propias del encaste, pero también dejándose llevar, siendo el primero el más áspero y el cuarto el que menos opciones brindó. El tercero, quizá, fue el más entregado. Paco Ureña, silencio tras dos avisos, vuelta al ruedo tras aviso y silencio tras aviso; Borja Jiménez, silencio tras aviso, silencio y silencio.

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