martes, 21 de mayo de 2024

Samuel Navalón pierde las orejas por la espada ante un tercero de Montealto de nota alta

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ / FOTOS EMILIO MÉNDEZ

Las Ventas celebraba la primera novillada de la Feria de San Isidro. Los novilleros Diego Bastos, Nek Romero y Samuel Navalón se midieron a los ejemplares de la ganadería de Montealto. Los animales se dejaron llevar, pasando, atendiendo a las demandas de los novilleros, manteniéndose en la tela, pero sin fuerza ni celo, con una durabilidad escasa. Sin embargo, hubo excepciones, en el tercero hubo bravura y entrega, siendo un gran novillo al que se le pudo haber cortado las orejas. El quinto y el sexto también tuvieron cosas muy buenas, pero se apagaron muy rápido. Diego Bastos no tuvo muchas opciones en el primero de su lote, pero tampoco las encontró en el cuarto. Nek Romaro fue querer y no poder un con segundo venido a menos rápido y que después deslucio con la espada. Con el quinto no terminó de encontrarse, le molestaba el viento y el novillo se vino muy rápido a menos. Samuel Navalón dejó lo más destacado de la tarde con un novillo de nota alta, el tercero, que de no ser por la suerte suprema le hubiera cortado las orejas. Algo parecido ocurrió con un buen sexto en el que se atascó con la espada.

Salió el primer novillo de la tarde, al que saludó Diego Bastos, que lo llevó como pudo pudiendo dejar alguna pincelada al final. Se fue más allá del tercio, rozando los medios, para brindar su faena. La inició por estatuarios, con un novillo de embestida algo incierta que se venía por dentro. Le siguió por el derecho, muy despacito, con un aninal muy parado, soso y vacío. Trató de darle viveza a la faena, pero iba a medio gas, con algún que otro arreón con el que lo sorprendió. Quiso seguirle al natural, pero seguía sin vaciarse ni entregarse, teniendo que tocarlo adelantándole la mano y ponerle la tela en la cara. Volvió al pitón derecho, llegando a descomponerse al tocar la tela. Falló con la espada y el novillo se demoró en doblar, tragándose la muerte

Nek Romero puso emoción en el saludo, llevándolo a base de verónicas, ganándole terreno, luciéndose. En el quite de Navalón el toro se mostró mucho más agarrado al piso, frenándose y quedándose encima. Salió el de Algemesí a los medios para brindar al público, para después recibirlo genuflexo cerca de las tablas, llevándolo en redondo, templando. Tomó la franela con la mano derecha, esperándolo en la raya, muy paralelo a tablas, tratando de limpiar sus salidas, pues en el inicio metía medio bien la cara.  Probó por el izquierdo, bajándole la mano, intentando llevarlo largo, pero resultó una tanda atropellada. Recuperó la mano derecha, bajándosela, llevándolo muy tapado. Continuó sobre el mismo pitón, uno a uno, pero sin humillar, tocándole la tela, pasando sin fuerza. Falló con la espada.

Mientras Samuel Navalón estaba haciendo el mejor saludo capotero de la tarde, en los tendidos reinaba el caos por la pelea que se estaba desarrollando. Brindó al público e inició la faena de muleta de rodillas, envolviéndoselo a su alrededor. El animal se arrancaba con viveza, dándole movilidad y ritmo a la tanda. En su embestida se distinguía la bravura y la entrega, dejándose llevar bajo las demandas del novillero. Siguió sobre el pitón derecho, bajándole la mano, acompañando la embestida, dándole longitud al muletazo. Se la dejó puesta, encontrando la ligazón en aquella embestida armónica. Al natural les faltó algo más de acople, lo cierto es que tampoco andaba muy sobrado de fuerzas. El de Montealto era repetidor y noble, lo que le permitió a Navalón, a base de tandas cortas, desarrollar una faena de intensidad y larga en la que se encajó con el. Se echó la muleta a la espalda y se lo pasó muy ceñido. La espada resultó efectiva pero de mala colocación.

Salió Diego Bastos para saludar al segundo de su lote, un novillo que no se terminó de encelar en el capote, soltando la cara arriba. Se alcanzó la faena de muleta, tanteándolo por ambos pitones, pasándolo por abajo, para después seguir por el derecho. El novillo atendía con prontitud, pero no poseía una embestida con chispa, por lo que no alcanzaba a calar en los tendidos. Eso sí, el animal pasaba y seguía los vuelos, pero no decía nada, sin clase, siendo un tanto irregular y descomponiéndose al tocar la tela. Cada vez se iba apagando un poco más en los intentos de Diego Bastos, que trató de adelantarle la mano y encauzar la embestida hasta el final, dejándole siempre los vuelos para darle continuidad. Culminó por manoletinas para después dejar una estocada con aseo y certera.

Nek Romero se dispuso de rodillas para dar los dos primeros lances para después levantarse y seguirle. Lo pasó a pies juntos, sin probaturas, dejando algún que otro pase cambiado con el que captó la atención de los tendidos. El animal se movía, atendiendo en la larga distancias, para después seguir con celo, dando ligazón a las tandas, al aprovechar la inercia. Se encajó con el y arrastró la embestida con temple y despaciosidad. Al natural, iba barriendo el suelo con la franela, pero por el izquierdo no tenía el mismo aire. Retomó el que era el pitón, el derecho, pero con un novillo mucho más apagado que ya había dicho basta. No terminó de convencer a los tendidos y la faena se estaba viniendo abajo. Se tiró a matar.

Samuel Navalón se fue a portagayola para recibir al cierraplaza. Después se levantó y le siguió en los medios, estirándose. Le esperó justo en la raya, a pies juntos para pasarlo por estuarios, probando pitones e incluso pasándolo por la espalda. Continuó, ya fuera del tercio sobre el pitón derecho, metiendo en la muleta a un novillo con ritmo y repetición. No tardó en mostrarlo al natural, pasándolo largo, pero sin llegar a los tendidos. Siguió alternando pitones, recuperando el derecho, acortando las distancias, parando la ligazón para llevarlo en el uno a uno, colocándose, reestructurarando y pasarlo. Culminó por bernardinas sin ayuda y el público enloqueció con aquella faena de teclas, con un novillo que se entregó y dejó llevar. Deslució con la espada.

Madrid. Novillos de Montealto. Los animales se dejaron llevar, pasando, atendiendo a las demandas de los novilleros, manteniéndose en la tela, pero sin fuerza ni celo, con una durabilidad escasa. Sin embargo, hubo excepciones, en el tercero hubo bravura y entrega, siendo un gran novillo al que se le pudo haber cortado las orejas. El quinto y el sexto también tuvieron cosas muy buenas, pero se apagaron rápido. Diego Bastos, silencio y silencio; Nek Romero, silencio tras aviso y saludos;  Samuel Navalón, vuelta al ruedo tras aviso y silencio tras dos avisos.

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