martes, 21 de mayo de 2024

Méndez, Hurtado y López cortan una oreja en la Final del Alfarero de Plata

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

Villaseca de la Sagra celebraba, este domingo 5 de mayo, la final del Alfarero de Plata. Los novilleros Julio Méndez, Jorge Hurtado y Jairo López, que se midieron a los erales de la ganadería de Piedra Escrita. Los animales dieron juego y opciones para el triunfo, con movilidad y buen ritmo, destacando por encima del resto el novillo que salió en quinto lugar, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Este no dejó de embestir, permitiendo a Hurtado la expresión y el toreo asentado y cadencioso con el, alcanzado a cautivar a base de verdad y toreo caro. La terna se repartió una oreja por coleta, en una tarde que la emoción despertó en el tercero, una vez pasada la lluvia y el toreo del mexicano, que se tuvo que ir a los terrenos de la querencia del animal y meterse entre pitones para arrancarle lo poco que le brindaba. El público supo reconocer aquella faena de fondo y entrega en la que Jairo López lo había puesto todo y que culminó con un estoconazo. En el sexto trató de buscar aquella conexión, sin dejar nada en el tintero, pero la espada demoró la muerte del animal y enfrió la faena. Julio Méndez encontró mayor acople y entendimiento con el segundo de su lote, al que le cortó la oreja tras una buena faena.

Julio Méndez abría la tarde en Villaseca con un novillo al que llevó, bregó y acabó metiendo para estirarse con el. Lo recibió en la muleta por abajo, obligándolo, para después llevarlo sobre el pitón derecho, pero sin terminar de bajarle la mano en exceso, ya que perdía las manos con facilidad en sus salidas. Un eral exigente al que Julio fue dosificando las embestidas, toreando despacio, recomponiendo. Llegó incluso a desarmarlo al pisar los vuelos, pero no tardó en recuperar la tela y volver a la cara del animal. Cada vez le costaba más atender al cite. Cambió al natural, asentándose con el animal, saboreando los naturales, aunque teniendo que insistirle con la tela en el hocico para que entrara. Después de tres tandas, recuperó el pitón derecho, apurando las distancias ante un eral noble y fijo en la franela. Culminó por bernadinas, pero falló con los aceros.

Saludó Jorge Hurtado entre el desconcierto de la lluvia y los tendidos, pasando desapercibido. Inició la faena de muleta desde los medios, con pases cambiados por la espalda para después seguir con el toreo a pies juntos, conectando con los tendidos. Se decidió por el pitón derecho en tandas lentas y pausadas, saboreando la embestida del de Piedra Escrita. Cambió de mano y le costó encontrar el acople con el animal, sin alcanzar a limpiar el muletazo a su salida. Sin embargo, poco a poco llegó aquel entendimiento entre ambos. Cuando retomó el pitón derecho, el animal ya no respondía con la misma viveza, sino que tenía que insistirle para que entrara en el trazo y tomara la tela, pero en la continuidad del uno a uno. Se mantuvo con firmeza y reestructuró en cada muletazo, buscando siempre estar en el sitio, para tocar, tirar y llevar. Deslució con la espada.

Jairo López derrochó variedad y entrega desde el saludo capotero. Continuó con las banderillas protagonizando el tercio y arriesgando con un novillo que se metió en tablas. El animal quedó muy mermado tras sus remates en la madera. Jairo inició la faena de muleta por abajo, moviéndolo, tratando de ganarle terreno, tirando del animal. Había marcado su querencia desde el inicio, por lo que el mexicano se mantuvo en el tira y afloja por mantenerlo alejado de tablas, llevándolo muy tapado y dejándosela puesta en la cara para tirar de el y que no se le fuera. El animal trataba de meter bien la cara, pero le costaba mucho seguir la muleta, quedándose a medias. Elaboró una auténtica obra de artesanía de toreo lento metido en tablas y entre pitones que el público reconoció entre ovaciones. Culminó con una gran estocada que resultó fulminante.

Saludó Julio al segundo de su lote, con variedad. Resultó deslucido el inicio de faena de Julio Méndez, que se fue a los medios para empezar de rodillas con el eral de Piedra Escrita. Sería con el pitón derecho cuando encontrara mayor acople con el animal. Sin embargo, también lo encontró al natural, pues cambió la franela de mano y empezó a llevarlo al natural, asentándose con el, con un trazo largo y lento. El animal poseía una buena embestida, repetía y atendía con obediencia a las directrices que le pautada el joven novillero. Se lo pasó por donde quiso. Recuperó el pitón derecho, enroscándose con el, llevándolo siempre a media altura e incluso levantando levemente la mano a la salida para evitar que perdiera las manos y desluciera. Hubo armonía y acople en una faena ligada que tuvo ritmo y sabor, aunque excesivamente larga. No dudó en volver a ponerse de rodillas antes de ir a por la espada. Falló con el acero.

El saludo capotero fue algo más atropellado, Jorge Hurtado lo bregó y llevó, pudiendo estirarse casi al final. Lo recibió en la franela genuflexo, andándole, moviéndolo y ganando terreno, pero sin terminar de bajarle la mano. Siguió sobre el pitón derecho, enroscándose con el animal, un animal que repetía a buen ritmo y con una embestida que poseía un buen son. Se arrancaba con prontitud y seguía con celo la tela, lo que le permitía a Hurtado aprovechar la inercia para darle ligazón. La faena tuvo muchos matices, marcada por la cadencia, la despaciosidad y la forma en la que el novillero se asentó con el animal para pasárselo alrededor de su cintura. Dejó muletazos infinitos en los que se desdibujaba el inicio y el final entre uno y otro. El de Piedra Escrita seguía embistiendo parecía incombustible, de hecho se protestó la suerte suprema desde los tendidos.

Jairo López no hizo esperar al cierraplaza, tras la primera vuelta a la plaza, lo recibió en su capote, llevándolo poco a poco a los medios, donde se lució y estiró con el. También se lució en el tercio de banderillas. Llegó la faena de muleta y Jairo decidió iniciarla muy despacio, andándole de rodillas, recibiéndole con algún que otro pase cambiado por la espalda. Se levantó y decidió seguirle por el pitón derecho, con despaciosidad, dándole tiempo y sitio dejándolo respirar, para que pudiera volver a entregarse a sus demandas. Cambió la tela de mano y empezó a mostrarlo al natural, primero en el tira y afloja buscando el sitio, después logró llevarlo de uno en uno, intentando limpiar el muletazo a su salida, evitando que punteara la franela. Su respuesta era tardía y había que insistirle con firmeza. Retomó las tandas por el derecho, pero el eral cada vez se paraba más, así que buscó las embestidas hasta la saciedad, tratando de alargarlas y dándole la emoción vaciándose con el. Le echó un valor seco que el público le reconoció, metiéndose entre pitones ya de rodillas para cerrar su faena. Pinchazo hondo.

Villaseca de la Sagra. Erales de Piedra Escrita. Los animales dieron juego y opciones para el triunfo, con movilidad y buen ritmo, destacando por encima del resto el novillo que salió en quinto lugar, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Julio Méndez, silencio tras aviso y oreja tras aviso; Jorge Hurtado, ovación tras aviso y oreja; Jairo López, oreja y vuelta al ruedo tras aviso.

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