martes, 9 de junio de 2026

La exaltación al arte de Morante de la Puebla y Aguado abre la Puerta Grande en Aranjuez

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GUARISMO DEL OCHO

La Plaza de Toros de Aranjuez ha celebrado su tradicional corrida de San Fernando en la que los diestros Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado se midieron a los ejemplares de la ganadería de Núñez del Cuvillo. Los animales fueron variados, con toros de grandes condiciones, dando opciones a la terna en la tela y permitiendo el triunfo. Morante se vació toreando a base de expresión y mucha torería, llevándolo despacio, destacando su expresión al natural. Se abandonó con el cuarto, un buen toro al que exprimió con un toreo a pies juntos templado y cadencioso rebosante de gusto y torería. Roca Rey no tuvo demasiadas opciones para la expresión ante el segundo, por lo que decidió abreviar y pasaportarlo.  Desarrolló una gran labor ante el quinto, pero deslució con el acero. Aguado se lució desde el inicio, protagonizando un gran tercio de banderillas y desarrollando una faena a cámara lenta sobre el pitón izquierdo. Desarrolló una meritoria labor ante el sexto, que le brindó opciones limitadas.

Morante de la Puebla corta una oreja al primero de la tarde

Se estiró Morante de la Puebla ante el primero de la tarde, con algunas pinceladas. Comenzó su faena de muleta a pies juntos, para después seguir con un toreo al natural de pierna atrás, cadencioso y pinturero. Cambió al pitón derecho, cruzándose y buscándolo en el sitio para asentarse con el de Núñez del Cuvillo y envolvérselo. Siguió alternando pitones, bajándole la mano, siempre con torería y una despaciosidad de calado absoluto. Al natural y ya metido en tablas le costó algo más, pero logró hacerlo pasar, rematando entre adornos de sabor añejo y muy torero. Se tiró a matar con acierto y determinación después de haberse vaciado ante su adversario.

Roca Rey se lució con el capote a la espalda durante el quite. Comenzó su faena de muleta en tablas, muy despacio, con mucha paciencia, empezando a pasarlo a pies juntos por ambos pitones, ayudándolo por alto. Se decidió por el pitón izquierdo, marcando el trazo con la ayuda, pasándolo, sin terminar de encontrar la expresión con aquellas embestidas. Siguió uno a uno, ordenando, robándole cada pase, cruzándose para después echarle los vuelos a la cara y tirar de la embestida. Decidió abreviar ante la imposibilidad de hacer faena.

Aguado, dos orejas y rabo ante el tercero de la tarde, premiado con la vuelta al ruedo

Aguado se lució con el capote y cautivó durante el tercio de banderillas, poniendo el mismo matador los palos. Arrebatador resultó el inicio de faena de Pablo Aguado, totalmente abandonado a la clase y a la torería. Lo recibió en la franela de rodillas, para después envolvérselo. Siguió sobre el izquierdo con un toreo a pies juntos que dio paso al toreo largo y candecioso en el que se abandonó para seguir envolviéndoselo. Lo exprimió al natural luciendo sus embestidas y calando con mucha fuerza en los tendidos.

Morante de la Puebla corta las dos orejas al cuarto
Morante lanceó con gusto al cuarto de la tarde, un toro que se enceló en los vuelos del sevillano. Se alcanzó la faena de muleta, pero antes de comenzar brindó a la Infanta Elena. Se pegó a las tablas y sin rectificar, lo pasó por ambos pitones. Después continuó envolviéndoselo, aprovechando la inercia del animal para darle ritmo a una labor que desbordaba emoción y gusto. Morante estaba contento y eso se reflejó en su faena ante aquel toro de Núñez del Cuvillo. Toreó a cámara lenta, ralentizando su embestida, encontrando un compás con el que parar los relojes de la bicentenaria plaza de Aranjuez. Ordenó y dosificó, en una continuidad del uno a uno, en el sitio, abandonándose. Culminó su labor mientras desde los tendido le gritaban su nombre. Remató con una estocada entera y muy efectiva.

Roca Rey desluce con el acero una gran labor ante el quinto
Roca Rey saludó al quinto de rodillas, sin probaturas, envolviéndoselo en el capote. Brindó y de rodillas desde los mismos medios comenzó su labor de muleta. Tampoco hubo probaturas, pero aquel inicio metió de lleno al público en su faena. Le dio tiempo y sitio para después continuar sobre el pitón derecho de un buen toro que atendió con prontitud a las demandas del peruano. Lo llevó totalmente cosido a aquel toro con celo y cierta chispa con el que conectó con los tendidos. Al natural le bajó la mano, le dejó los vuelos en la cara, alargó el trazo y lo llevó hasta el final. Sin embargo, no tardó en recuperar el pitón derecho, por el que tocó y deslizó con suavidad y pulcritud, dando ligazón a su serie, aunque acortando en exceso los terrenos con el animal. Deslució con el acero.

Aguado saludó con un lanceó a la verónica al sexto. Se alcanzó la faena de muleta y muy despacio lo movió y cambió los terrenos, buscándole las teclas a su adversario. Era incierto y se vencía, pero Aguado no desistió y, poco a poco, lo fue metiendo en su faena sobre el pitón izquierdo. El animal se paraba, siendo algo reservón, acentuando aquel comportamiento por el derecho, a pesar de seguir el engaño, pero quedándose corto. No tardó en retomar aquel toreo al natural que iniciaba a pies juntos para después continuar con la muleta abajo y en la cara, tocarlo y arrastrar el engaño  y con el su embestida. Mató de estocada entera y certera.

Ficha del festejo:

Aranjuez. Toros de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla, oreja y dos orejas; Andrés Roca Rey, palmas y saludos ; Pablo Aguado, dos orejas y rabo

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