PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ
Roberto Martín Jarocho hace balance del camino recorrido, marcado por la evolución interior y el crecimiento artístico. Tras lograr el triunfo rotundo en El Burgo de Osma al redondear las faenas con la espada, reflexiona sobre la importancia de dejar huella y poso en la afición. Además, analiza su regreso a la tradicional plaza de Lumbrales, su compromiso ante los toros de El Collado y repasa los próximos festejos que marcan su agenda
Ha sido una temporada muy interesante. Desde tu punto de vista, ¿qué balance harías de lo que ha sido esta etapa vista desde dentro?
Interiormente, creo que el balance está siendo muy positivo. He podido notar una evolución y, tarde a tarde, he ido mostrando el toreo tal como lo siento. Quizá faltaba ese triunfo numérico, pero las sensaciones estaban siendo muy buenas tanto para el aficionado como para mí. Sobre todo la tarde de Madrid, creo que fue un compromiso muy importante que supuso un antes y un después en la forma de creer en mí mismo. Me aportó muchísimo y veo que cada día me acerco más al torero que quiero llegar a ser.
En mi última actuación, en El Burgo de Osma, pude redondear todo, cuajé los toros y los maté bien, que era ese pequeño fallo de la temporada, rematar las faenas con la espada. Gracias a Dios pude expresar el toreo como lo siento, emocionar a la gente y triunfar cortando las orejas. Hoy en día las orejas son importantes; cuando no se cortan, aunque el contenido de la faena sea bueno y la gente quede con sensaciones vivas, siempre hace falta ese triunfo rotundo.
La próxima semana tienes un par de festivales, uno de ellos en Lumbrales. ¿Cómo es regresar a esa plaza tras haber estado el año pasado?
Las sensaciones son muy positivas. Es una plaza de mucha tradición por la que han pasado grandes figuras, como Julio Robles o Curro Vázquez. En los pueblos es donde nace el toreo. En esta época en la que estoy toreando menos corridas de toros, me viene muy bien torear festivales a lo largo de la temporada: me ayudan a evolucionar, a sentirme torero y a seguir ahondando en lo que me llena.
Estoy viviendo una época muy bonita de mi vida. Seguro que pronto podré estar en las ferias, que es donde quiero estar, pero mientras tanto disfruto de lo que me brinda la vida y el toreo, intentando ser mejor cada día. Mi mayor preocupación ahora mismo es torear más despacio, con más gusto, más pulso y más templo.
Ese sello lo estás dejando cada tarde y la gente está viendo la dimensión y la madurez que vas adquiriendo.
Para mí lo importante es que quede el reflejo de lo que pasa en el ruedo, que algo de lo que han visto perdure en el tiempo. Siempre he buscado eso y creo que eso es el toreo. Hoy en día ese sello tiene que ir acompañado del triunfo numérico para que todo tenga mayor resonancia, pero nunca he concebido cortar las orejas por cortarlas, sin dejar huella. Lo primero es sentir lo que hago para emocionar a la gente. El que paga una entrada lo hace por lo que siente viéndome torear, no solo por verme pasear las orejas; lo importante es que la faena tenga un contenido con poso.
Centrándonos en el cartel del próximo martes 25 en Lumbrales, vas a compartirlo con David Galván y se lidiarán ejemplares de El Collado. Es un cartel joven, con clase y con muchos alicientes. ¿Qué te parece a ti?
Es muy bonito tener al lado a compañeros que te motivan a sacar tu mejor versión; eso es lo precioso del toreo. El cartel reúne todos los alicientes para que sucedan cosas bonitas esa tarde.
Después de Lumbrales, ¿dónde más te vamos a poder ver? ¿Qué otros compromisos tienes cerrados?
Lo siguiente es el sábado 30 en Puerto de San Vicente, luego toreó el día 5 de septiembre en Almazán y el día 6 en Mazarambroz (Toledo). Eso es lo que está anunciado de momento, y tengo además un par de cosas pendientes por rematar para finales de septiembre y principios de octubre