lunes, 15 de julio de 2024

De otro mundo

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Crónica 

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 
Las Ventas acogía una nueva Puerta Grande. Una tarde de rejones en la que Diego Ventura, Leonardo Hernández y Duarte  Fernandes se midieron a los toros de Los Espartales, Carmen Lorenzo y El Capea. Los animales volvieron a ser variados en su comportamiento, teniendo que buscarles las opciones. Fueron complicados y pidieron el carné, teniendo que tirar de técnica e inteligencia para poder sacar partido. El nombre de la tarde, sin duda, es el de Diego Ventura, tras cortar tres orejas a los de su lote, derrochando emoción en una Puerta Grande más que merecida. Al segundo de la tarde, al que desorejó, dejó una actuación rotunda con un toro que le brindó movilidad y obediencia, pero con el que también se metió en los terrenos más ventajosos para el animal. No solo con eso, sino que Ventura abría la decimoctava Puerta Grande y hacía historia, despidiendo a su caballo “Nazarí”, al que sacó para darle la vuelta al ruedo mientras paseaba la oreja que le cortó al cuarto. Duarte Fernandes dejó un buen sabor de boca con el toro de su confirmación, con el que le echó valor y mucha técnica, desenvolviéndose con un animal que no le puso las cosas fáciles. Leonardo, por su parte, dejó una entrega absoluta que no fue suficiente para calar en el público venteño. Con el segundo, es cierto que las opciones las buscó él, poniendo todo lo que no le daba.
Antes de que saliera “Malacara” de chiqueros de Los Espartales, se llevó a cabo la ceremonia de confirmación de Duarte Fernandes, teniendo a Diego Ventura y Leonardo Hernández como testigo y padrino, respectivamente. Salió el de Los Espartales, al que Duarte enceló con voz desde los medios sin demasiado éxito, pues salió suelto y buscando las tablas. Se fue hacia aquellos terrenos y logró dejarle el rejón de castigo. Ralentizó el ritmo para ensimismado, dando paso a las banderillas, buscándolo al quiebro, gustando y calando hondo en los aficionados. Se lo ciñó y jugó en las distancias cortas, tratando de fijarlo en la grupa para sacarlo de las tablas. Buscó el lucimiento y la variedad, echando técnica y cabeza fría a una faena que se planteaba de pocas opciones. Cambió las cabalgaduras y después de dejar los palos, llegaron las rosas, con las que envolvió al animal, que se había emplazado. El rejón de muerte no fue tan certero.
Salió el segundo de la tarde, un toro de Carmen Lozano que se arrancó directo al caballo de Diego Ventura. Lo aprovechó para envolverlo y fijarlo, frenando esas primeras embestidas. Dejó el rejón de castigo con acierto, para después mantenerlo en la grupa. Cambió de caballo para salir corriéndolo de lado, bordeando las tablas, con un toro totalmente encelado. Bien mereció la ovación que el público le dedicó, una ovación que fue el prólogo de una faena que estaba cuajando desde el inicio. Se lo ciñó tanto que los pitones rozaban al caballo. Supo qué hacer en todo momento, templando a un toro que le brindó su movilidad y entrega, acometiendo con obediencia y fijeza. Los palos al quiebro en las distancias medias y largas fueron un auténtico recital. Fue una faena milimétrica, así como arriesgada, dándole todas las ventajas al animal. Soltó la cabezada y utilizó la crines para dejar la banderilla al encuentro, arqueándose por completo. Llegaban los últimos compases y con ellos las banderillas cortas, que terminaron de convencer al respetable. El rejón de castigo cayó en el sitio y tuvo un efecto fulminante.
“Coralo” de Carmen Lorenzo dejó un inicio de movimiento y medias arrancadas, entre las que Leonardo Hernández dejó el rejón de castigo. El rejoneador lo llevó despacio, cuarteando al paso a este primero de su lote, que cumplió con lo propio de la casa. A pesar de sus empeños y buenas maneras con el animal no terminaba de transmitir al público. El de Carmen Lozano mantuvo su movilidad, aunque con quietud cuando Leonardo lo fijaba para las banderillas. Sin embargo, no resultó sencillo, era un toro incierto y cambiante, lo que también le dificultaba su labor. Trató de buscar la emoción con el público durante las banderillas, teniendo que llegarle mucho también al animal. Dejó un par muy ovacionado, con el que daría paso al cambio de tercio, pero antes de hundir el rejón de muerte, deleitó con las banderillas cortas. Hubo precisión con el rejón de muerte.
Ventura se metió en la puerta para esperar al segundo de su lote, un toro de Carmen Lorenzo al que toreó con la garrocha en su salida. A continuación, después de moverlo y fijarlo a la grupa, dejó la garrocha y tomó el rejón de castigo, poniéndolo en todo lo alto. Cambió las cabalgaduras y llegaron las banderillas, para las que lo bailó manteniéndolo metido, para después volver a correrlo de lado, dándole continuidad a la embestida, no dejándolo parar. Las palmas marcaban el compás con el que se iba aproximando al astado, con despaciosidad. Salió “Nazarí”, con el que gustó y se gustó, luciéndose en cada palmo de la plaza, sin dejar de adornarlo, con una actitud torera en piruetas que se lo ciñeron en exceso. El animal cada vez se paraba más, pero Ventura hizo lo imposible para que se siguiera moviendo y entrando en las provocaciones. Culminó con las rosas a toro parado. Fue certero y efectivo con el rejón de muerte.
Salió el quinto, un toro de Los Espartales al que Leonardo trató de encelar en los medios. El animal se resistía, siguiendo momentáneamente al caballo para después salir suelto, se acababa desentendiendo. Logró hundir el rejón de castigo con habilidad. El de Los Espartales se fue directo a buscar las tablas, cantando rápidamente, de hecho intentó saltar al callejón. Cambió de tercio, se alcanzaron las banderillas y Leonardo seguía tirando de un toro que se quería meter en su querencia. Aún así, él  aprovechó la poca entrega del animal para dejarle los palos a toro parado, luciéndose y poniendo todo lo que su adversario no le daba. Eran embestidas limitadas y sin motor, por lo que trató de darle ese punto de emoción que llegará a los tendidos, arqueándose con el, soltando las riendas. Falló con el rejón de muerte y tuvo que pasaportalo con el golpe de cruceta.
Cerraba la tarde Duarte Fernandes con un toro de El Capea, un toro parado al que tuvo que envolver para dejar el rejón de castigo. Andaba justo el sexto de la tarde. Cambió de caballo y salió “Artista”, marcando el inicio de las banderillas, que también tuvo que ponerlas a toro parado, logrando alguna media arrancada al encuentro. Lo puso en largo, luciéndose, toreándolo con mucha voz para que se mantuviera en las demandas del joven rejoneador. Se la jugó en las distancias cortas, dejando los palos en unos terrenos comprometidos y en los que la salida era incierta. Poco a poco fue templando al de El Capea, gustando al respetable, que aplaudió los palos. Creó, hizo y ejecutó la suerte. Se cambió el tercio, buscando el calado en las banderillas cortas, con las que le faltó algo más de acople. Falló con el rejón de muerte, pasaportándolo en el golpe de cruceta.
Madrid. Toros de Capea y Carmen Lorenzo para Diego Ventura, dos orejas y oreja; Leonardo Hernández, saludos y silenciotras aviso; Duarte Fernandes, ovación y silencio tras aviso.

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