martes, 5 de marzo de 2024

Los matices de Patricia Prudencio en el carnaval de Autlán de la Grana

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

Autlán de la Grana (México) celebraba este sábado 10 de febrero sus tradicionales carnavales, unos carnavales que no se pueden comparar con ningún otro. Desfiles encima de los autos, chicas que anunciaban cada toro, charros y casi todo lo que te puedas imaginar lo convertía en todo un acontecimiento social. Los detalles que le daban forma a este Carnaval son algo único e irrepetible. Algo muy de la tierra y de los que muchos en México opinan que es totalmente distinto a lo que te puedas encontrar en el propio país. Impacta, toda la celebración se llevaba a cabo en torno al toro, siendo este el pilar fundamental de la fiesta. El respeto y la exigencia no se perdía más allá de la celebración que inundaba las calles. De hecho, la plaza alcanza el lleno hasta en tres ocasiones en un mismo día, primero con el toro de las once, después con el festejo mayor y, por último, con el ocio nocturno.

Autlán poseía un coso particular, pequeño, pero con festejos de animales de plaza de primera. Guardaba tradiciones mexicanas, españolas e incluso francesas, lo que le hacía aún más interesante. Cada avance en el festejo nos hacían descubrir un nuevo mundo en el que no te puedes perder ni un solo detalle. En este festejo, el del sábado 10, hicieron el paseíllo el rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza y los matadores de toros El Payo, Calita e Isaac Fonseca, que se midieron a los ejemplares de las ganaderías de Villa Carmela y Teófilo Gómez, dos para rejones y seis para el toreo a pie, respectivamente.

Abría la tarde Guillermo Hermoso de Mendoza que dejó un buen sabor de boca en los tendidos, cautivándolo a base de distancias cortas, llevando a su adversario bien ceñido, haciendo sus respectivos cambios de ritmo y terrenos. Con el segundo de su lote esto se acentuó que alcanzó a liarla en revolucionar la plaza y cortarle las orejas. Le siguió Fonseca que logró la Puerta Grande tras desorejar al octavo toro de la tarde, el cierraplaza, con el que, como ya nos tiene acostumbrados, le echó ganas y mucho valor. Un valor seco que en el cuarto le pasó factura, pues le pisó los terrenos que no debía al animal y acabó por voltearlo, quedando unos instante en el suelo. Calita se mantuvo en el tira y afloja, bailando, no con la más fea, pero sin con el toro más imponente del festejo, dejando pinceladas de su sello personal, asentándose para torearlo y pasarlo en redondo. Alargó hasta exprimirlos, atándolo en corto a su primero y llevando entre algodones a su segundo, evitando que perdiera las manos. El Payo, sin embargo, no estuvo demasiado acertado, algo que ya le recriminaron los tendidos encarecidamente y en repetidas ocasiones, al segundo de la tarde lo dejó ir sin querer verlo, pasaportándolo rápidamente. Con el segundo de su lote lo intentó pero sin acierto y sin querer buscarle las vueltas.

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