viernes, 21 de junio de 2024

Un siglo de figuras

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Reportaje

Antonio
Bienvenida, imagen de Turismo España I Cedida por Gonzalo Bienvenida

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ







El
Festival de Chinchón es el lugar perfecto en el que confluyen el arte y la
torería. Tiene mil y una particularidades, aunque si algo le diferencia del
resto son sus años de historia y que siempre marca el final de la temporada en
España y con ello la llegada del invierno y la campaña americana. Sin embargo,
no sería correcto faltar a la verdad, pues a pesar de los 96 años de recorrido
que dice llevar, lo cierto es que su historia comienza en 1871 cuando Salvador
Sánchez “Frascuelo” actuara a beneficio de los más necesitados, todo ello como
medio para agradecer la atención recibida por el pueblo de Chinchón en 1863,
cuando sufrió una grave cogida.

El
relevo de Frascuelo y el paso a Marcial Lalanda llegaría en el cambio de siglo,
pero manteniendo su finalidad benéfica, pues se hacía a favor del Asilo de
Ancianos Desamparados de San José. En la actualidad, ha sustituido su causa, para
el beneficio de las Madres Clarisas, aunque las figuras no quieren venir a
cambio de nada, pero eso es algo que merece una explicación más extensa.

Otra de
las características es el escenario en el que se celebra, una plaza de aspecto
medieval que se conserva como en sus inicios. Es un espacio protegido,
identificable por sus infinitos balcones pintados en color verde. 

La
plaza y las infraestructuras que la conforman han ido sufriendo sucesivas
remodelaciones, pero sin perder su esencia popular. Pues las edificaciones las
realizaban los vecinos con materiales pobres y de escasa calidad. Poco a poco,
a través de las instrucciones de 1499 promovidas por los Reyes Católicos de
construir edificios en los que el pueblo pudiera reunirse, la plaza se fue
cerrando hasta que en el 1683 completó esta tarea. 

En 1713
los vecinos obtuvieron permiso para hacer vistas y claros, algo que hacía de la
plaza de Chinchón el lugar idóneo para la celebración de festejos, sobre todo
del tipo que nos ocupa, los taurinos. De esta manera, es necesario mencionar
que en este tipo de eventos los balcones son independientes a las casas, por lo
tanto, existe una separación legal entre casas y balcones.

Otra de
las curiosidades es que los toriles y el matadero de los astados se encuentran
en la planta baja del ayuntamiento, como si fuera una parte más del edificio,
es decir, el portal. Este fue cerrado en 1876 para evitar posibles problemas de
suciedad y decidieron destinarlo al ámbito puramente taurino.


Además,
Gonzalo Bienvenida, descendiente de los Bienvenida, cuenta como su abuelo
protagonizó el famoso lance de la imagen que Turismo de España utilizó por todo
el mundo para fomentar el turismo en nuestro país en los años 60.

Dentro
de sus peculiaridades, encontramos una más, en este caso la desvela el matador
de toros José Garrido que explica que es una de las plazas que mantiene su
encanto, en ella se viven los toros muy de cerca, con la gente en los
callejones, etc. Algo que ya no se ve en las grandes plazas.




No es ningún secreto hablar de las
personalidades que han desfilado en su paseíllo, los mejores de cada temporada,
los diestros retirados, que volvían por una buena causa. Recopilamos nombres
como el de Antonio Bienvenida, Marcial Lalanda, El Juli, Abellán, Frascuelo,
Julio Aparicio, Paco Ojeda, Litri, Curro Bedoya (rejoneador), Pedrín Benjumea,
Juan Beca Belmonte, José Mari Manzanares, Diego Puertas, Julio Robles,
Parrita,
Pepe Luis Vázquez, Ostos, Dámaso González, César Rincón, El Viti, José Julio
Granada, El Cordobés, etc. En pocas palabras un elenco difícilmente comparable
e irrepetible. Ahora, bueno seamos claros, desde hace poco más de una década se
ha perdido el interés, los maestros no van por amor al arte.





Que los matadores acuden sí, pero quizá
echamos en falta a los más punteros, por lo que los carteles se compensan con
las figuras más sonadas durante la temporada, aquellos que siguen creyendo en
la causa benéfica y que se siguen manteniendo al nivel humano y no al de
semidiós inalcanzable.

Los
intermediarios -apoderados o empresarios- y la pérdida de ese trato directo con
los matadores, no lo ha desprestigiado, pero quizá sí que lo haya degradado.
Sin embargo, no deja de ser uno de los festivales con mayor expectación y que
más celebridades recoge. En pleno siglo XXI, el alcalde actual de la localidad
madrileña, Francisco Javier Martínez Mayor, comenta que ya no existen carteles
tan redondos, pero que habría que levantarlo, pues la Tauromaquia es lo que más
verdad representa. No hay un guion establecido. Continua y afirma que el
Festival es algo digno de mantener y remontar, no conformarnos con lo que ya
nos ha venido dado.

Sin
embargo, si hablamos de Chinchón y su festival, hablamos de la Dinastía
Bienvenida, concretamente de Antonio Bienvenida, que dista y mucho de los
matadores actuales. T
oreó hasta en doce ocasiones en
Chinchón, especialmente en la época en la que el festival era organizado por
Julio Aparicio, protagonizando faenas muy importantes. Su papel, aquí lo más relevante,
era el de convencer a otros compañeros para colaborar con la causa.

Gonzalo Bienvenida, nieto del famoso matador de toros Antonio Bienvenida,
explica: “Como nieto y estudioso de la vida y trayectoria de Antonio Bienvenida,
puedo decirte que se le recuerda por representar una serie de valores tanto en
la plaza como en la calle que no son habituales. Le caracterizó su autenticidad
y su amable carácter. Fue un gran compañero, un torero de arte, lidiador de
todo tipo de ganaderías, Maestro, en definitiva. Tuvo fuertes convicciones, fue
un hombre de fe”. 

Los
Bienvenida siempre han apoyado todas las iniciativas de su época, todas las que
unía la solidaridad con el mundo del toro. La primera vinculación de su familia
con Chinchón fue cuando el Festival lo organizaba Marcial Lalanda, que contó
con el apoyo de Manolo Bienvenida, justo antes de la Guerra Civil en 1935.
Además, es necesario añadir que el abuelo de Gonzalo fue el torero que más
festejos benéficos toreó en su época, más de 500, sumando festivales y corridas
benéficas.

Esta es
la esencia perdida, ahora el número de festejos benéficos en la trayectoria de
cualquier matador se ha reducido considerablemente. Simplemente no interesan,
no dan dinero ni cuentan para el escalafón. Julián Maestro añadía que antes
venían por el prestigio y para sentirse toreros y disfrutar. Maestro es uno de
los matadores de plata que perteneció a la terna de los Príncipes del toreo
junto a Lucio Sandín y José Cubero “El Yiyo”. 

Sin embargo, los matadores tienen una perspectiva parecida del resultado de
96 años de historia. Gregorio Lalanda explica que el festival siempre ha
reunido a las figuras del momento, había mucha categoría y siempre estaban
dispuestos. Lucio Sandín, sin embargo, se lamenta por no haber podido participar
nunca en Chinchón, pero que para él era uno de los mayores referentes en el
ámbito taurino. Algo que comparte con José Garrido, matador actual, que sí ha
estado presente en el paseíllo del año 2019. “Es un honor poder estar presente
en uno de los mejores y más importantes Festivales de toda España”.

Apoyando la reflexión de Gonzalo Bienvenida, llegamos a la conclusión de
que ojalá se recupere el apoyo de las figuras y el ‘glamour’ que siempre
caracterizó a este festival. A lo que, además, añade: “Espero que el
Ayuntamiento siga apoyando el festival y los medios le den la importancia que
merece”. Si en algo estamos de acuerdo todos los considerados taurinos, es que
buscamos el bien de la fiesta y el futuro de la misma. Por lo que empezar por
mantener nuestras tradiciones y más aún un festival con la historia y categoría
que posee el de Chinchón, nos daría el relevo necesario para coger fuerza y dar
un nuevo impulso a la Tauromaquia, abandonando prejuicios e intereses. En
definitiva, volviendo al origen de porqué soy torero.

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