sábado, 25 de mayo de 2024

Parejo cautiva y convence ante un buen sexto de Torrehandilla

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Crónica 

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Arrancaba el ciclo de “Las Nocturnas” en Madrid con un cartel compuesto por los novilleros José Antonio Lavado, Alejandro Mora y Christian Parejo, que se midieron a los de Torrehandilla. El encierro fue variado pero sin las opciones de triunfo esperadas, se mostraron exigentes y algunos llegaron a pedir el carné. Hubo que buscarles las teclas y tampoco ayudaban, así que las faenas, algunas se hicieron cuesta arriba, teniendo incluso que abreviar al no haber contenido que mostrar. También es necesario destacar que hubo varios toros aplaudidos en el arrastre. La terna derrochó actitud, destacando en esta primera nocturna a Parejo y Mora. Lavado tuvo actitud y disposición pero no llegó a acoplarse, mientras que con el primero de la tarde no había nada que mostrar. Parejo cautivó con el capote, teniendo la clase y la técnica en la muleta. Terminó de convencer con su faena al sexto, un toro de transmisión con el que se expresó y exprimió al máximo, un novillo con ritmo, que no fue sencillo, sin gustarle las distancias cortas. Mora sacó suavidad y torería, derrochando raza con el segundo de su lote, que tampoco fue fácil y le exigió dejando una faena al natural ante un novillo complicado.

José Antonio Lavado, que se presentaba en el coso venteño, lanceó a la verónica a “Limosnero”, el primero novillo de la tarde. Tras dos largos tercios de varas y banderillas, se alcanzó la faena de muleta, la cual inició el malagueño bajo los terrenos del siete, tratando de sacarlo del burladero, tirando del animal hasta alcanzar el tercio. El de Torrehandilla era un novillo parado, sin clase y manso al que Lavado dosificó el inicio y el resto de tandas. Pasaba con un tranco mansino, eso cuando pasaba, porque intentó atacarlo y después ponérsela con suavidad en el morrillo y tirar. De cualquier manera, el novillo no daba juego ni transmisión en la franela. Lo cambió al natural, pero perdía las manos, sin que le sorbrara la fuerza. Pasaba porque tenía que pasar, así que Lavado trató de darle contenido a una faena que hacia falta justificar. Mató al segundo intento.

Salió el segundo de la noche, de nombre “Botijero”, al que saludó entre lucimiento Alejandro Mora, que lo recogió en su capote mientras le iba ganando terreno. En el quite le midió por el izquierdo, venciéndose en la seda. Tras un emotivo brindis, comenzó el trasteo con el de Torrehandilla, pasándolon por ambos pitones. El inicio del último tercio fue áspero, con un pitón derecho poco definido. Siguió por el izquierdo, tocándolo a pitón contrario y llamándolo en todo momento. Pasaba con la cara alta, sin entrega, teniendo que ser el novillero el que completara los pases. Dejó el toreo al natural, para empezar a pasarlo por el derecho, tirando con suavidad y encontrando una continuidad atropellada y poco pulcra con la que consiguió moverlo y envolvérselo a su alrededor. Cada vez aprendía más y buscaba a su salida, descomponiéndose al tocar la tela. Dejó algún que otro muletazo y cambió la ayuda por la espada.

Parejo cautivó frenando al tercero de la noche. Después continuó el saludo capotero ante un novillo suelto al que tuvo que sujetar y sin el que no se pudo lucir. Llegó a la franela y el gaditano lo pasó por ambos pitones entre probaturas ligeras. Lo tomó en las distancias largas, para después tratar de aprovechar la inercia y envolvérselo a su alrededor. Todavía quedaban asperezas por limar y tanto le insistió abajo que el toro clavó los pitones en el firme y pegó la voltereta. Tuvo la técnica y la clase, asentándose para encajarse y pasarlo al natural. Alargó el muletazo, pero no vació su embestida, cada vez le costaba más atender al cite y acababa defendiéndose. Volvió a tirar del novillo y a cambiar los terrenos, llevándolo más al tercio, ahora ya con la muleta sobre la mano derecha. Se cruzó y apuró las distancias, insistiendo con descaro en el morrillo y llevándolo muy tapado, sin darle a elegir. Se tiró con todo, pero el novillo se demoró en doblar, llegando a escuchar el primero aviso.

“Detective” y Lavado marcaban el ecuador del festejo con un saludo capotero lucido en el que guio la embestida, encelándola en el percal. Con la muleta en la mano se acercó a “Detective” para pasarlo y ganarle terreno. Se trastabilló en la cara del animal y a punto estuvo de caer. Le buscaba los terrenos y altura, hasta que por fin se decidió por el pitón derecho, tocándolo y abriéndolo. Se tuvo que cruzar y echar la franela al morrillo para tirar de la embestida y meterlo en el trazo. No había acople entre ambos, tampoco terminaba de llevar al tendido lo que ocurría en el ruedo. Las salidas cada vez se afeaban más, tocando la tela y soltando la cara, sin lograr limpiar el muletazo. Tuvo que recomponer en varias ocasiones, pasándolo y colocándolo. Alargó innecesariamente y el respetable le pedía el tiempo. Falló con la espada, encontrando el acierto en el descabello.

Salió el quinto y Mora lo bregó sin lucimiento, pero sí con torería, llevándolo por abajo, educando la embestida. Lo esperó en los medios para iniciar la faena de muleta, citándolo en la larga distancia y teniendo que rectificar al encuentro para que no se lo llevara por delante. Era incierto, con una embestida muy poco definida, trasladándose entre protestas. Cambió los terrenos y se echó la muleta a la mano derecha, abriendo el compás del trazo, dándole salida, pero siempre dejándolo preparado para el siguiente muletazo. El de Torrehandilla, que ahora ya lo mostraba al natural, salía con la cara por encima del estaquillador. Era un novillo exigente con el que Mora aguantó el tipo, llevándolo con los vuelos, que fueron los que marcaron el trazo. Trató de evitar que se descompusiera, tapando defectos en todo momento, pudiéndolos. Hubo continuidad y repercusión de lo que hacía, tirando con raza, robándole las embestidas, haciéndole todo por abajo, tragando con aquella embestida recta que se gastaba el astado.  Buscó el sitio y la distancia, tocando y estirándose a su paso, tratando de llevarlo hasta el final. En la suerte suprema falló al primer intento y al segundo fue prendido feamente, sin aparentes consecuencias.

Parejo dejó un saludo capotero lucido y de expresión con el cierraplaza. Se lució en el caballo Alberto Sandoval, que dejó un gran tercio de varas que el público reconoció con una sonora ovación. Parejo decidió irse a los medios y esperarlo allí para iniciar la faena. El animal tardó en atender a las demandas del espada, estaba ensimismado con el burladero de sol. Una vez que lo vio se arrancó con viveza, entrando en aquel pase cambiado que fue el preludio de un inicio ligado y lucido sin probaturas. El sexto se movía y se  entregaba por abajo, pasando con suavidad, con una embestida mucho más cómoda y depurada. El gaditano quiso dosificar y cuidarlo hasta el final, así que optó por las tandas cortas y darle sitio y tiempo entre ellas. El primer cite era en largo, el resto llegaban todos seguidos, aprovechando la inercia que traía el propio animal consigo. A pesar de todo lo que el animal daba, también exigía, por lo que no permitía ni un solo despiste.  Al natural, hubo pases más limpios que otros, siendo algo más incierto y parándose en mitad del pase, quedándose muy corto. El espada quiso alargar echarlo lejos, aún así tragó con los parones, apurando las distancias cortas. La faena estaba hecha. Culminó por manoletinas y una estocada fulminante.

Madrid. Novillos de Torrehandilla para José Antonio Lavado, silencio y silencio; Alejandro Mora, palma y oración; Christian Parejo, ovación tras aviso y oreja.

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