sábado, 13 de julio de 2024

Una estocada de Román, que corta una oreja, lo más destacado de una tarde gris para Isaac Fonseca en Pamplona

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ/FOTOS EMILIO MÉNDEZ

Pamplona celebraba su cuarto festejo taurino y segunda corrida de toros de San Fermín. Los matadores de toros Juan Leal, Román e Isaac Fonseca se midieron a los ejemplares de la ganadería de Cebada Gago. Los animales fueron deslucidos y de comportamiento más bien escaso, sin celo ni opciones para los diestros. El tercero fue el peor de la tarde, un toro ajeno a la faena. El primero fue el más llevadero y permisivo. Otros tuvieron clase, pero sin romper a más. La tarde la marcaron las espadas, que deslucieron las faenas, a excepción de la de Román al segundo de la tarde que bien le valió una oreja. Juan Leal mostró disposición y firmeza con un buen primero que pinchó y deslució con los aceros. Estuvo digno ante un cuarto sin fuerza ni emoción en su embestida. Con el sexto, quiso encontrar el acople con un toro venido a menos, pero con el que dejó pinceladas. Román, con decisión y verdad, se encontró con un segundo rajado con destellos de una buena embestida, en una faena sin opciones con una estocada fulminante. Buscó y encontró mayor acople por el pitón derecho del quinto de la tarde, siendo un toro que no daba margen de error. Fonseca no tuvo ningún tipo de opción con el tercero. Al entrar a matar se resintió de su lesión en el brazo, teniendo que hacerse cargo del toro Juan Leal.

Juan Leal saludó al abreplaza, un toro que salió suelto del capote del francés. Se fue a los medios para seguir pasándolo, sin poder estirarse. En los medios recibió al primero de su lote de rodillas, que después continuó sobre el pitón derecho, rematando aquella primera tanda con dos de pecho. Tiró del animal y lo volvió a meter en una tanda por el derecho, muy en redondo, fijándolo en la tela con firmeza en tandas breves. Cambió al natural, con un toro que le colocó bien la cara en los vuelos, mostrando mayor acople y armonía, con pases largos y profundos. Le dio tiempo y sitio para después seguir por el izquierdo ante un toro de Cebada Gago permisivo y llevadero, del que aprovechó su fijeza. Acortó distancias y pisó terrenos comprometidos, echándose de rodillas con pases en redondo. En la suerte suprema dejó un pinchazo escaso, teniendo que descabellar.

Al segundo de la tarde le costó adentrarse en el capote de Román, que tuvo que bregarlo en aquel intento de saludo capotero. Brindó al público desde los medios y después se fue hacia el animal. Lo recibió en la franela doblándose con el, pasándolo por ambos pitones en aquel trasteo con el que trató de sujetarlo. Montó la muleta en su mano derecha, dándole distancia, citándolo y logrando continuar aquella primera serie. Hubo mucha intermitencia con un toro ajeno a la faena ante la decisión y verdad que derrochaba Román. Al natural, no logró limpiar el muletazo, queriendo irse en ocasiones, a pesar de que colocaba bien la cara en los vuelos. La faena se convirtió en un tira y afloja por mantenerlo dentro, tratando de ganarle la partida. Retomó el pitón derecho, bajándole la mano a un segundo ya rajado al que tuvo que insistir. Culminó en los terrenos de sol con una estocada fulminante.

Fonseca recibió en su capote al primero de su lote, bregándolo y ganándole terreno hasta sacarlo del tercio. Se alcanzó la faena de muleta y el mexicano empezó a pasarlo por abajo, por ayudados. El toro no atendía a las demandas de Fonseca, el de Cebada Gago estaba a todo y a nada. Poco a poco, a pesar de que estuviera distraído, fue pasando, pero sin celo ni entrega. Lo llevó a media altura, tocándolo con brusquedad para tratar de pasarlo. No había emoción, pero sí un peligro sordo ante el que el diestro se entregó. Lo cambió al natural, llevándolo uno a uno, siempre marcando el pase con la ayuda. No tenía mucho que añadir, salvo un pase tras otro, con un toro desclasado, irregular e incierto que no humillaba, pasando por encima del estaquillador. Continuó sobre el pitón derecho, con cabeza, sin contrariarlo. Tuvo que salir Juan Leal para pasaportarlo, primero en el golpe de cruceta y después con una estocada.

Juan Leal saludó al segundo de su lote de rodillas, se levantó y acabó por desarmarlo. Salió a los medios para brindar para después ir a su encuentro, citarlo y empezar a pasarlo de rodillas, levantándose rápidamente, porque rápido perdía las manos. Cambió los terrenos, le dio tiempo y sitio, para después acortar las distancias, atándolo en corto, adelantándole la muleta a la cara y tratar de engancharlo. No había celo en aquella embestida, con la que pasaba de un lado a otro sin transmisión. Siguió insistiendo el francés, uno a uno, tratando de darle continuidad a sus tandas, sin bajarle la mano ni obligarlo. Al natural, lo pasó en largo, sin ligazón ni emoción en aquella embestida desordenada, aguantándolo en la tela, envolviéndoselo en redondo. Cerró de rodillas y con desplantes varios. Falló con la espada.

Salió el quinto, al que frenó Román en una brega llevada con la que le fue llevando a los medios con suavidad, templando. Lo tanteó por abajo, pasándolo por ambos pitones para comenzar su faena. Poco a poco le fue levantando la mano, sacándolo del tercio. Montó la muleta sobre su mano derecha, mostrándosela en un cite delantero con el que enganchó la embestida y la deslizó detrás de la tela, en un trazo largo en el que logró ligar, dejándosela muy puesta. Continuó por el derecho, dándole sitio y tiempo, recomponiendo, ordenando las embestidas, encontrando el acople en aquel compás. Por el izquierdo tuvo que bajar las revoluciones y templarlo, pasaba con la cara alta, más descompuesto, soltando derrotes, impidiendo limpiar el muletazo. Tuvo que marcar con la ayuda, siendo una tanda meritoria. Recuperó la mano derecha, tratando de reencontrarse con aquella obediencia y prontitud, aunque sin margen de error. Cada vez le acortaba más, quedándose más encima, sabiendo lo que dejaba atrás. Mató con el golpe de cruceta.

Juan Leal salió a recibir al sexto de la tarde, ya que Fonseca no pudo continuar la lidia. El saludo fue breve y se dio al tercio de varas. Una vez alcanzado el tercio de muleta se fue a los medios para brindar al público. En aquellos terrenos decidió recibir al toro en la muleta, con un pase cambiado por la espalda, para después aprovechar la inercia y envolvérselo. Continuó por el pitón derecho, pasando sin humillar, pero siguiendo la tela con ritmo y movilidad. Lo llevó muy tapado, sin dejarle ver otra cosa que no fuera el engaño. Insistió por aquel pitón, con el que logró asentarse y darle ligazón, bajándole la mano, pudiéndole. El francés se cambió la muleta a la mano izquierda, intentando limpiar los muletazos, pero el toro cada vez se quedaba más encima, le costaba salir de la tela. No tardó en recuperar el pitón derecho, con un animal venido a menos. Se acabó metiendo entre pitones. Falló con la espada.

Pamplona. Toros de Cebada Gago. Los animales fueron deslucidos y de comportamiento más bien escaso, sin celo ni opciones para los diestros. El tercero fue el peor de la tarde, un toro ajeno a la faena. El primero fue el más llevadero y permisivo. Otros tuvieron clase, pero sin romper a más. Juan Leal, silencio, silencio y silencio; Román, oreja y silencio; Isaac Fonseca, silencio, herido.

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