sábado, 18 de mayo de 2024

Detalles de Calerito y David de Miranda en Madrid

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

Las Ventas acogía una corrida de toros de gran expectación este domingo 28 de abril. Los matadores de toros Curro Díaz, David de Miranda y Calerito, que confirmaba alternativa, se midieron a los ejemplares de la ganadería de Arauz de Robles. Los animales se dejaron llevar, pero sin un comportamiento excesivamente destacable, con mejores inicios que finales, de duración y fuerza escasas y desluciendo al soltar la cara. Tuvieron muchas teclas que buscar y tocar para poder sacar faenas y darles formas para lucirse en ellas. Calerito fue el que más opciones tuvo con el toro de su confirmación, un toro que tuvo viveza en su inicio pero que se fue agotando. Curro Díaz pudo encontrar pinceladas con su faena al quinto y por el pitón derecho, pitón por el que encontró mayor acople. David de Miranda lo intentó y se entregó. Destacó con el quinto, en una faena vacía a la que logró darle emoción en los últimos compases, arrancándole los muletazos.

“Estudiante” abría la tarde, un toro que según piso el ruedo se quiso volver arremetiendo contra las tablas. No tardó Calerito en encelarlo en la tela y empezar a lucirse con el. Con un mejor tercio de varas que de banderillas se alcanzó la ceremonia de confirmación, la cual recibió de manos de Curro Díaz y David de Miranda. Inició la faena de rodillas, apurando en exceso, pasándolo incluso por la espalda. Se levantó y tras una sonora ovación esperó en los medios a un toro con viveza y buen ritmo, al que llevó a media altura. Quiso seguirle aprovechando la inercia de la larga distancia, pero en esta segunda tanda le costó algo más meterlo. Al de Arauz de Robles no le gustaba sentirse sometido, descomponiendo la embestida. Se lo ajustó por el izquierdo y a punto estuvo de prenderlo. Poco a poco fue limpiando la embestida, ralentizándola, acompañándola con todo su cuerpo, bajándole algo más la mano, perdiéndole pasos y recomponiendo en cada pase, asegurándolo. Pero el toro se fue apagando, por lo que no alargó mucho más se faena, lo cuadró y lo mató.

Curro Díaz no tardó en meter en el capote al primero de su lote, luciéndose por verónicas, sin cambiarle los terrenos. Después de salir del caballo, el público pidió que fuera devuelto, una petición que no fue atendida por el presidente. Una vez cumplida con la ceremonia de confirmación se inició la faena de muleta, la cual inició bajo los terrenos del siete pasándolo sin poder excederse porque rápidamente perdían las manos. Le dio sitio y tiempo, el toro acudía, pasando como podía. No había faena posible, así que fue a por la espada, lo pasó y lo colocó en suerte. Lo pasaportó.

David de Miranda recibió a “Pimentón” en el capote, desarrollando un saludo intermitente, en el que hubo pinceladas del diestro. El tercio de varas fue merecidamente aplaudido por el respetable, al que le siguió un lucido quite desde los medios. Remató un gran tercio de banderillas Fernando Sánchez. David de Mirando lo citó desde los medios y el animal se arrancó con prontitud para entrar al pase. Aprovechó la inercia y le dio movilidad y ritmo a un inicio en el que lo llevó en largo. El animal tenía fijeza y el diestro lo aprovechó para dejársela puesta en la cara y tirar de la embestida, envolviéndoselo a su alrededor. Con cadencia y despaciosidad le siguió por el izquierdo, bajándole la mano y buscándole el acople. Empezó a descomponerse y a deslucir la faena. Cambió al derecho, pero sin atemperar la embestida, con una serie atropellada. Le punteaba la tela sin alcanzar a limpiar los muletazos. Lo mató con aseo

Curro Díaz gustó con el capote, ganándole terreno lentamente al tiempo que se fue estirando con el. Se alcanzó la faena de muleta y Curro no dudó en sacar a relucir su clase para ponerse a torearlo. Le dio tiempo y sitio para seguirlo sobre el pitón derecho, adelantándole los vuelos al hocico para tirar del animal y llevarlo metido. Acompañó la embestida con todo su cuerpo, envolviéndoselo y encontrando el entendimiento entre ambos. Cambió al natural y también cambió el ritmo de la faena, teniendo que reestructurar y buscar el sitio para que este pasara. Recuperó el derecho, encontrando mayor acople de nuevo, llegando a asentarse con el animal. Cada vez le costaba más atender a las demandas de matador, echándole la cara arriba y desluciendo su entrega.

David de Miranda saludó a “Labrador”, llevándolo y metiéndolo en el capote. No se lo pensó y rápidamente lo recibió en la muleta iniciando así la faena de muleta. Lo llevó genuflexo, bajo los terrenos del siete y ocho, obligándolo por abajo, pero sin terminar de correrle la mano. Le cambió los terrenos y continuó por el derecho con un toro que iba y volvía, dándole ritmo y continuidad a la faena. Cambió al natural, llevándolo en el uno a uno, tratando de alargar el pase, pero sin evitar que le tocara la tela. No le daba muchas opciones para la expresión, llegando a sentirse también por dentro. Lo pasaba, pero no había emoción en la faena. Volvió al natural, pero el toro se le vino cruzado y lo prendió, para después quedárselo mirando en el suelo y perdonarlo. Regresó a la cara del animal, pero ahora por el pitón derecho, pasándolo incluso por la espalda, poniendo todo lo que no le ponía su adversario. Se decidió por un cierre por bernadinas, más que ajustadas para después culminar con una estocada certera.

Al cierraplaza le costó romper en el saludo capotero de Calerito, que no le permitió la expresión. Se alargó en exceso el tercio de banderillas. Alcanzado la faena de muleta Calerito se fue a los medios para brindar al público. Lo citó en la larga distancia y el de Arauz se arrancó, pero no encontró la ligazón, por lo que tuvo que acortar las distancias e insistirle para que entrara en la tela. Cambió los terrenos, tirando del animal para sacarlo del tercio, continuando por el derecho, pasándolo en largo a un toro que quería pero no podía, por lo que soltaba la cara. Desarrolló las series pase a pase, dosificando las embestidas. Cambió al natural, pero no había mucho donde rascar, a pesar de que el animal metía bien la cara. Calerito insistió y le buscó las teclas, con alguna que otra pincelada, metiéndose prácticamente en tablas, buscando la variedad y la emoción. Se echó el capote a la espalda para cerrar y fallar con la espada.

Las Ventas (Madrid). Toros de Arauz de Robles. Los animales se dejaron llevar, pero sin un comportamiento excesivamente destacable, con mejores inicios que finales, de duración y fuerza escasas, desluciendo al soltar la cara. Variedad en su comportamiento, pero no para bien. Tuvieron muchas teclas que buscar y tocar para poder sacar faenas y darles formas para lucirse en ellas. Curro Díaz, silencio y ovación; David de Miranda, silencio y ovación; Calerito, ovación y silencio.

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