viernes, 12 de abril de 2024

Los matices de Patricia Prudencio en la Monumental de México

La México
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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

La Monumental de México celebraba su segunda corrida desde la reapertura y reanudación de los festejos taurinos. Sebastián Castella, Leo Valadez e Isaac Fonseca, que confirmaba alternativa, se midieron a los toros de Xajay. Sería el matador de toros francés el único que saliera en hombros, después de ser lo más destacado de toda la tarde, tarde en la que no se disfrutaron faenas rotundas.

Variedad y emoción en el recibo capotero de Fonseca, que se fue directo a portagayola, para después seguirlo con alguna que otra larga cambiada en rodillas desde los medios. Los tendidos estaban totalmente entregados ante un Fonseca arrebatado y alegre. La vista se perdía en la inmensidad de la plaza, una inmensidad a la que Fonseca se dirigió desde los medios para alzar la voz en defensa de la libertad y la Tauromaquia. La faena la inició de rodillas, para después seguirle por el pitón derecho. Es curioso como el público estaba entre el jolgorio y lo que sucedía en el ruedo con una actitud crítica. Un mar de “olé” adornaron aquella faena seria y de distancias cortas. Bajó la mano, con dominio, a un toro que le soltaba la cara. Atacándole con la muleta en el hocico, pisando terrenos comprometidos, jugándosela. El animal cada vez se quedaba más corto, asfixiándolo Fonseca. No faltaron los comentarios a viva voz del respetable, que sufrieron los pinchazos y celebraron la estocada certera.

Salía el segundo toro, mientras subían y bajaban cientos de trabajadores con comida y bebida, sirviendo al respetable. Parecía pasar desapercibido el saludo de Castella. El toro en formas y comportamiento distaba de lo que se podría estar acostumbrados en España. Castella lo pasó por ambos pitones en el inicio de faena, primero genuflexo y después andándolo para sacarlo del tercio. Era curioso el feedback que existía entre los aficionados, de una punta a otra, con temas relacionados con lo que sucedía en la arena o no. El francés le bajó la mano y se lo enroscó en la cintura, alargando el trazo y pasándoselo con cadencia, desmayo y torería. Fue a partir de la segunda tanda cuando empezó el acople entre ambos, una sinergia a la que se sumaba el público. La plaza invitaba a recrearse, a inspirarse, agradeciendo cada muletazo con un profundo olé sincero que llegaba a lo más hondo. El Xajay pedía muleta y Castella se la dio, con pases en redondo y mucha ligazón.

Leo Valdez saludó al tercero, un toro con chispa. El mexicano alegró en el quite por zapopinas, alcanzando los tendidos. Lo pasó a pies juntos en los primeros compases del último tercio, mientras tanto el público seguía celebrando cada muletazo, vitoreándolo. Sabiendo lo que ve y sabiendo valorarlo con un pensamiento crítico. Al final, le otorgan la categoría que merece y tratan el festejo como todo un evento, una fiesta. Recuperando la faena de Valadez algo de orden y ritmo le faltó, pero lo llevó en largo, abriendo el trazo, tratando de recoger a un toro que seguía la muleta bien puesta en la cara, pero a media altura.

El saludo de Castella fue por abajo, para después estirarse con un toro suelto. Mientras seguía el movimiento en los tendidos, a los cuales se dirigió el francés para brindar la faena desde los medios. Lo pasó por ambos pitones sin apenas rectificar ni moverse del sitio. Dosificó las embestidas mexicanas del Xajay, apurándose, sabiendo que no iba a ser sencillo. Embestía, pero de una forma violenta y poco uniforme, algo que silenció buena parte de la plaza, como si fueran ellos los que tuvieran que aguantar entre pitones, soltando el aire en su pasada a través de sus “olé”. El trasiego era constante, aunque en menor medida a estas alturas de la faena, pero mientras tanto Castella se la estaba jugando, aguantándole. Sería al natural, cuando el francés alargara la embestida y lo llevara en largo al aprovechar los vuelos. Mientras eso sucedía, otros llevaban la cuenta de los tragos que se tomaba el que bebía en la bota. El toro terminó rompiendo y Castella deleitó. La estocada levantó los tendidos.

El público se volvió eufórico al ver que Leo Valadez recibiría, casi casi en los medios, al segundo de su lote, de rodillas y con una larga cambiada. Quiso terminar de ganarse su simpatía siendo él quien banderilleara. El público, es cierto, que algo más disperso estaba, nada fuera de lo común después de toda la bebida y comida que se movía en los tendidos desde antes de que empezará el festejo. Pero siendo sinceros, el público de la México es un público apasionado que no se deja cautivar por cualquier cosa, sus “olé” son sinceros. En el inicio de faena se dobló con el animal, llevándolo por abajo, poco a poco, de menos a más y buscándole los terrenos. Le costaba pararlo, se le venía detrás y quizá la intensidad de esta faena no terminaba de llegar. Se lo hizo saber el público.

Llegaba el turno de Isaac Fonseca, pero ates de que saliera el último toro, el público prendió sus linternas, iluminando así los tendidos. Tuvo motor en su salida y Fonseca a cambio lo saludó con una larga cambiada, que la siguió con torería y temple. Ante un público cada vez más disperso, inició la faena, una faena en la que tropezó y cayó en la cara del animal. De nuevo un toro andarín, al que tuvo que parar para tocar y llevar. Pero cada cual a su fiesta, el sexto de la tarde tenía poco que ofrecer. No hubo una sinergia completa. La gente apurada sus botas y Fonseca se apresuró para tomar la espada y pasaportarlo.

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