sábado, 18 de mayo de 2024

Paco Ureña abre la Puerta Grande en la reapertura de Sutullena

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PATRICIA PRUDENCIO

La plaza de toros de Sutullena en Lorca celebraba su reinauguración por la Puerta Grande. El matador de toros Paco Ureña se encerraba con seis toros de diversas ganaderías, Juan Pedro Domecq, El Torero, Domingo Hernández  Victorino Martín, Hnos. García Jiménez y Fuente Ymbro. Los animales se dejaron llevar dando opciones, aunque con exigencias y muchas teclas. Paco Ureña los supo medir y se impuso con gobierno y mando, entendiendo las embestidas a la perfección. Fue este el resultado de una tarde para el recuerdo en la que el diestro cortó cinco orejas y un rabo, ante un público totalmente entregado.

Lanceó a la verónica al de Juan Pedro. Después inició la faena por abajo, tratando de poderle, pero sin excederse. Le costó encontrarle el compás, el viento no ayudaba, lo descubría, dejando más de un momento de apuros. Al natural, aprovechó la ayuda para marcarle el recorrido y llevarle la embestida. Le costaba atender al cite, por lo que el diestro tuvo que exagerarlo para que este acometerá en la tela. Cada serie, elaborada a medida, calaba en los tendidas, comprendiendo la dificultad que este toro lleva a consigo. Lo intentó por el derecho, pero no había continuidad, no se tragaba dos seguidos. Falló con la espada. Escuchó un aviso.

Llevó como pudo a “Gaditano”, un toro de El Torero,  con el que se quedaba expuesto por el aire. Algo más se pudo lucir en el quite. Se cambió el tercio y tomó la franela, primero por abajo, para después seguir con el trasteo ya levantado, consiguiendo un buen inicio que logró abrochar. Era un toro incierto que le acortaba los terrenos y le buscaba el pecho. Iba de dos en dos y Ureña no lograba rematar las series, en una de ellas lo prendió y en otra lo desarmó, ambas sin aparentes consecuencias. Le bajó la mano, tratando evitar las miradas, tapándolo, adelantándole la tela al hocico. Era irregular y poco constante por lo que no encontró uniformidad. Lo toreó con rabia, raza y muchas ganas. Tuvo acierto con la espada.

Mucho más suave fue el tercero de la tarde, un toro de Domingo Hernández. Hubo que mimarlo, pero el animal tenía calidad, manteniéndose fijo y con nobleza ante las demandas del diestro. Mucho cambió por el pitón izquierdo, que no se dejó como por el derecho. Se le quedaba corto y salía con la cara alta, marcándole el pecho. No tardó en recuperar el derecho, llevándolo en redondo, con pases por la espalda, con variedad, torería y muy asentado con el animal, dejando una faena de temple  con un buen toro  por el pitón derecho al que cortó las dos orejas y el rabo.

Bregó al cuarto, “Veranero” de Victorino Martín,  tratando de ganarle terreno y sacarlo a los medios. Inició la faena muy despacio, con un toreo lento en el que trató de no abrirlo. Muy encajado y en las distancias cortas, le metió la franela en la cara y tiró de un animal con ritmo que necesitaba algo más de sitio. Cambió al toreo al natural y encontró también transmisión y expresión. Siguió alternando series por ambos pitones, con una faena milimétrica y de muchas teclas que no quiso alargar y que desarrolló en el uno a uno, colocando y citando, siempre en el sitio y respetando la distancia. Pinchó.

Salía el quinto de la tarde “Sosito” de la ganadería  Hermanos García Jiménez, al que Ureña recibió con un saludo lucido y elaborado. Con un ligero trasteo lo pasó por ambos pitones, para después seguirle toreando, pero levantándole la mano y ayudándole en la salida para que no cayera sobre el albero. A pesar de las condiciones del animal y las insistencia del público en que lo pasaportara, Ureña se empeñaba en seguir toreándolo. Fue a por la espada y se tiró a matar.

Al sexto un toro de  Fuente Ymbro, Ureña lo bregó muy despacio, ganándole terreno para sacarlo a los medios. Lo fue llevando sobre el pitón derecho, aunque no tardaría en exponerlo por el izquierdo, esperándolo y marcando el recorrido con la ayuda. Retomó el pitón derecho, encajándose de riñones para pasarlo por abajo, muy despacio, envolviéndoselo a su alrededor en el uno a uno. Era un toro exigente al que le pudo.  El animal ya había dicho basta. Mató con acierto.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de Lorca. Toros  de Juan Pedro Domecq, El Torero, Domingo Hernández  Victorino Martín, Hnos. García Jiménez y Fuente Ymbro. Los animales se dejaron llevar dando opciones, aunque con exigencias y muchas teclas. Paco Ureña los supo medir y se impuso con gobierno y mando, entendiendo las embestidas a la perfección. Paco Ureña, silencio tras aviso, oreja, dos orejas y rabo, ovación, silencio y  dos orejas.

FOTO: PATRICIA PRUDENCIO

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