GUARISMO DEL OCHO
Marcos Pérez, ganadero de Domingo Hernández; Domingo Delgado de la Cámara, escritor y comentarista (además de socio cocherista); la aficionada y médico taurina de Madrid Celia Queijía y el novillero extremeño Manuel León, flamante ganador del V Memorial Iván Fandiño, participaron en el cuarto coloquio del Club Cocherito celebrado en la noche de ayer, viernes 28 de agosto, en el contexto de las Corridas Generales de Bilbao, que fue presentado y conducido por el directivo Rafael Ferrer.
Tras la introducción, en la que se hizo una breve presentación del último libro de Domingo Delgado (“El Cordobés. La verdad del último torero moderno”), se comentó la final del Memorial Iván Fandiño. Se daba la circunstancia de que el triunfo de Manuel León se cimentó, especialmente, sobre su faena al novillo del propio Domingo Hernández, lo que propició que los protagonistas del coloquio se extendieran tanto sobre las virtudes del astado, que fue muy bueno, como del novillero. Hubo coincidencia en lo entretenido de la novillada y la justicia del fallo del jurado, a pesar de que el otro finalista, el salmantino Iñigo Norte, dejará patentes sus buenas cualidades y ganas de triunfo, sobre todo en el que cerró plaza.
Con respecto a la corrida del día se destacaron las actuaciones de los dos debutantes, Marco Pérez y, de manera especial, David de Miranda. Sobre este último, Domingo Delgado señaló que es precisamente su falta de técnica lo que emociona. Los presentes coincidieron en el valor exhibido por el diestro de Trigueros, de manera notoria en el quinto toro, aunque una mayoría —no todos— opinaron que el presidente de la plaza, Matías González, acertó al no conceder la segunda oreja. Se destacó, también, la actuación del joven Marco Pérez, y su ejecución del “quite de oro”, ideado por el mexicano José Ortiz. La actuación de Sebastián Castella pasó más desapercibida. Hubo coincidencia en que, de haber acertado más con la espada, la corrida habría propiciado un mayor número de orejas cortadas.
En cuanto al ganado, Marcos Pérez reconoció que todavía no se puede diferenciar entre su hierro y la ganadería de Garcigrande: solo han pasado algo más de cinco años y es pronto para que se noten cambios, dijo. También confesó que no está haciendo una buena temporada, pero que lo acontecido en Vista Alegre, especialmente el sobrero lidiado en sexto lugar (excelente, según opinión unánime de los presentes), ha alimentado su esperanza.
En relación a si se ha perdido el llamado “Toro de Bilbao”, el ganadero opinó que es en la capital vizcaína, precisamente, donde se lidia el toro serio más armónico. Sorprendió al auditorio al decir que hace unas semanas su corrida tenía 40 ó 60 kg más, pero que él no quería lidiar una corrida gorda en Bilbao. Pese a saber que hubiera entrado más por los ojos, retiró el pienso para que saliera en el peso que él consideraba adecuado.
La aficionada Celia Queijía dio la razón al ganadero en el sentido de que a ella le encanta el toro que ve en Bilbao (viniendo, como es el caso, de Madrid) porque lo percibe bien hecho pero serio. Sobre este aspecto, dijo que, como aficionada, no necesita más.
Sin embargo, también se comentó que Bilbao ya no es la plaza que más paga, lo que, a la fuerza, ha de reflejarse en que no traiga la cabecera de las camadas. Sobre este mismo asunto, se abundó en que la empresa de Bilbao está haciendo una gestión económica a la defensiva, cosa que no gusta por traducirse en múltiples detalles que desagradan al aficionado, aunque también se recordó que está pagando un canon muy elevado que se calculó sobre la base de desarrollar un negocio complementario que hasta ahora no ha podido realizarse por trabas municipales. Durante el coloquio hubo un cierto debate sobre las razones de esta situación.
La grave cogida del monosabio astorgano Jesús San José Rodríguez también fue comentada y lamentada por los comparecientes, aunque ninguno pudo explicarse qué pudo pasar por su cabeza a la hora de salir a colear al toro, origen de la cornada que sufrió.
Finalmente, se constató también con desagrado que, por segundo día, algún toro no fue banderilleado con los rehiletes tradicionales de Bilbao.