jueves, 13 de junio de 2024

El efecto de lo absurdo

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Artículo de opinión

El efecto de lo absurdo I GUARISMO DEL OCHO
PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ



La temporada taurina ha puesto
punto y final en Europa, sin embargo, debemos centrarnos en los percances que
han ocurrido durante estos extensos siete meses. Los heridos en 2019 han
superado con creces a los de temporadas pasadas, sobre todo en su gravedad. El
último en recibir el alta ha sido el diestro Gonzalo Caballero, herido en Las
Ventas el pasado 12 de octubre.

Los matadores cada vez arriesgan
más, como consecuencia del efecto de lo absurdo, a los que les gusta “asustar al
miedo”. Lo ponen todo en el ruedo y además reconocen que les pone la
sensación de “me pilla o no me pilla”. No se critica, es otra forma de torear y de expresar el arte. Sin embargo, ante este hecho, el resto de diestros
han empezado a jugársela innecesariamente, no les importa salir heridos, porque
saben que sin sangre no hay orejas. Tampoco se está criticando, pero el público no paga una entrada para ver cómo alguien pierde la vida, sino para ver su capacidad para domeñar al astado, independientemente de su encaste.

Sin embargo, hace unos meses esto
ya era más que evidente. En la Feria de San Isidro se pudo apreciar que los
presidentes del coso venteño se negaban a repartir los apéndices. Parecían un
artículo de lujo y por lo tanto inalcanzable, entonces muchos empezaron a
replantearse su Tauromaquia. Qué buscaron. El morbo, la incertidumbre, el
riesgo.

No debemos esperar a la sangre
para otorgar orejas, porque una oreja no vale una vida. Se debería valorar a
los espadas independientemente de las preferencias. Hay que ser capaces de
abstraerse y saber ver lo que un hombre ha sabido desarrollar a partir de un
animal virgen. Lo ha educado y lo ha domeñado hasta llegar al baile coordinado
casi perfecto, jugando con los vuelos.

Los presidentes parecen haber olvidado
las normas y el curso que se les exige para poder sentarse en el palco. El
único criterio que emplean es su voluntad, olvidando que el primer trofeo lo
otorga el público y no ellos.

La temporada que viene estará muy
condicionada por la dureza de los palcos, aunque considero que los matadores
han aprendido una gran lección. La vida es muchas cosas más que las Puertas
Grandes, es aprender de los errores para no volver a cometerlos. Se debe torear
de verdad sin importar lo que el presidente opine de tu Tauromaquia, algo que
lleva haciendo durante años los que se mantienen fieles a su toreo.

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